La liturgia diaria meditada - Si vuestra justicia no es mayor, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt 5,20-26) 14/06



Jueves 14 de Junio de 2018
De la feria. Verde.

Martirologio Romano: En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, santos mártires Anastasio, presbítero, Félix, monje, y Digna, virgen, que murieron el mismo día. Anastasio, por confesar su fe cristiana ante los jueces musulmanes, fue decapitado, y con él murió también Félix, originario de Getulia, en África del Norte, que había profesado la fe católica y la vida monástica en Asturias. Digna, aún joven, por haber reprendido al juez por la muerte de los dos anteriores, fue decapitada de inmediato. († 853)
Antífona de entrada          cf. Sal 26, 1-2
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? Cuando avanzan contra mí los enemigos, son ellos los que tropiezan y caen.

Oración colecta     
Dios y Señor, de quien proceden todos los bienes, escucha nuestras súplicas; concédenos que, inspirados por ti, pensemos lo que es recto, y, guiados por ti, lo llevemos a la práctica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Mira, Señor, con bondad nuestro servicio litúrgico para que nuestra ofrenda te sea agradable y nos haga crecer en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        1Jn 4, 16
Dios es amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios permanece en él.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que la acción medicinal de este sacramento nos libre de nuestras maldades y nos guíe por el camino recto. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        1Rey 18, 1-2a. 41-46
Lectura del primer libro de los Reyes.
Al tercer año de la sequía, la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos: “Ve a presentarte a Ajab, y yo enviaré lluvia a la superficie del suelo”. Entonces Elías partió para presentarse ante Ajab, y le dijo: “Sube a comer y a beber, porque ya se percibe el ruido de la lluvia”. Ajab subió a comer y a beber, mientras Elías subía a la cumbre del Carmelo. Allí se postró en tierra, con el rostro entre las rodillas. Y dijo a su servidor: “Sube y mira hacia el mar”. Él subió, miró y dijo: “No hay nada”. Elías añadió: “Vuelve a hacerlo siete veces”. La séptima vez, el servidor dijo: “Se eleva del mar una nube, pequeña como la palma de una mano”. Elías dijo: “Ve a decir a Ajab: engancha el carro y baja, para que la lluvia no te lo impida”. El cielo se oscureció cada vez más por las nubes y el viento, y empezó a llover copiosamente. Ajab subió a su carro y partió para Izreel. La mano del Señor se posó sobre Elías; él se ató el cinturón y corrió delante de Ajab hasta la entrada de Izreel.
Palabra de Dios.

Comentario
Ajab, el rey de Israel, era uno de los promotores del culto al ídolo Baal. Esta deidad pagana era presentada como señor de las lluvias y las tormentas. Elías debe anunciar que sólo Dios es Señor de la naturaleza. Por eso, esta alternancia de sequía y lluvia, tiene que convertirse en un signo del poder de Dios para el rey y para todo el pueblo.

Sal 64, 10-13
R. ¡Te alabamos, Señor, y bendecimos tu Nombre!

Visitas la tierra, la haces fértil y la colmas de riquezas; los canales de Dios desbordan de agua, y así preparas sus trigales. R.

Riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con aguaceros y bendices sus brotes. R.

Tú coronas el año con tus bienes, y a tu paso rebosa la abundancia; rebosan los pastos del desierto y las colinas se ciñen de alegría. R.

Aleluya        Jn 13, 34
Aleluya. “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, así como yo los he amado”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Mt 5, 20-26
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquél que se enoja contra su hermano merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice merece el infierno. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.
Palabra del Señor.

Comentario
Jesús enseña que la ley del amor debe cumplirse hasta en el mínimo aspecto. Y por eso, abarca no sólo las acciones externas –no matar–, sino también lo que está en nuestro corazón. Podríamos pensar que insultar es mucho más grave que matar, es cierto, pero Jesús nos exige que evitemos ambas acciones.

Oración introductoria 
¡Señor, cuánta seguridad me dan tus palabras! Has dado tu vida por mí y me esperas en la casa del Padre. No dejes nunca que pierda de vista la meta a la que me llamas. Fortaléceme por medio de esta meditación para que logre pasar de la divagación a la oración y pueda transformarme en un auténtico receptor de tu gracia. 

Petición 
Señor, dame la sabiduría y fortaleza para seguir por tu camino. 

Meditación  

Hoy, tras afirmar su fidelidad a la Ley de Moisés, Jesucristo explica en qué consiste su «darle cumplimiento»: este cumplimiento exige algo más y no algo menos de justicia. ¿Se trata de un mayor rigorismo en la obediencia de la Ley? ¿Qué es esta "justicia mayor"?

Si al comienzo del "Sermón de la Montaña" se pone el acento en la máxima fidelidad, ahora llama la atención que Jesús presenta la relación de la "Torá de Moisés" con la "Torá del Mesías" mediante una serie de antítesis: "a los antiguos se les ha dicho…, pero yo os digo…". El Yo de Jesús destaca de un modo como ningún maestro de la Ley se lo puede permitir. La multitud nota que Jesús se sitúa al mismo nivel que el Legislador, a la misma altura que Dios.

—¿Qué ha dejado Jesús fuera de la Ley? ¡Nada! Entonces, ¿ha añadido algo? Sí, se ha añadido a Sí mismo. ¡La centralidad del Yo de Jesús en su mensaje da a todo una nueva orientación!

Hoy, Jesús nos invita a ir más allá de lo que puede vivir cualquier mero cumplidor de la ley. Aún, sin caer en la concreción de malas acciones, muchas veces la costumbre endurece el deseo de la búsqueda de la santidad, amoldándonos acomodaticiamente a la rutina del comportarse bien, y nada más. San Juan Bosco solía repetir: «Lo bueno, es enemigo de lo óptimo». Allí es donde nos llega la Palabra del Maestro, que nos invita a hacer cosas “mayores” (cf. Mt 5,20), que parten de una actitud distinta. Cosas mayores que, paradójicamente, pasan por las menores, por las más pequeñas. Encolerizarse, menospreciar y renegar del hermano no son adecuadas para el discípulo del Reino, que ha sido llamado a ser —nada más y nada menos— que sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16), desde la vigencia de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12).

Jesús, con autoridad, cambia la interpretación del precepto negativo “No matar” (cf. Ex 20,13) por la interpretación positiva de la profunda y radical exigencia de la reconciliación, puesta —para mayor énfasis— en relación con el culto. Así, no hay ofrenda que sirva cuando «te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti» (Mt 5,23). Por eso, importa arreglar cualquier pleito, porque de lo contrario la invalidez de la ofrenda se volverá contra ti (cf. Mt 5,26).

Todo esto, sólo lo puede movilizar un gran amor. Nos dirá san Pablo: «En efecto lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rom 13,9-10). Pidamos ser renovados en el don de la caridad —hasta el mínimo detalle— para con el prójimo, y nuestra vida será la mejor y más auténtica ofrenda a Dios.

Diálogo con Cristo 
Gracias, Señor, por recordarme que la Eucaristía es ese fuego que puede ir ablandando la coraza de piedra que aprisiona y endurece mi corazón. Permite que no participe simplemente como un observador en tu Eucaristía, sino que la sepa adorar, para poder unirme humildemente, con un corazón arrepentido, a tu oración. Toma todos mis esfuerzos y sacrificios de hoy por esta intención. 

Propósito 
Participar en una hora eucarística como un acto de reparación por los sacrilegios que se comenten en torno a la Eucaristía. 

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