La liturgia diaria meditada - Lo del César, al César, y lo de Dios, a Dios (Mc 12, 13-17) 05/06


Martes 05 de Junio de 2018
San Bonifacio, obispo y mártir. 
(MO). Rojo

Bonifacio fue un monje nacido en Devon (Inglaterra) que, una vez ordenado sacerdote, se encargó de evangelizar Alemania y los Países Bajos. Fundó monasterios de varones y mujeres y los convirtió en verdaderos centros de misión e irradiación espiritual y cultural. Fue obispo de Maguncia y organizó la Iglesia en Alemania. Murió a los 80 años, como consecuencia del ataque de una turba armada de paganos, en el año 754.

Antífona de entrada         
Este santo combatió hasta la muerte en defensa de la ley de Dios y no temió las amenazas de los impíos: estaba arraigado sobre roca firme.

Oración colecta     
Te rogamos, Padre, que el mártir san Bonifacio interceda por nosotros, para que conservemos con firmeza y manifestemos con nuestras obras la fe que enseñó con su palabra y selló con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Santifica con tu bendición estos dones que te ofrecemos, Señor, y, por ellos, enciende en nosotros la llama de aquel amor por el cual san Bonifacio venció los tormentos del martirio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Cf. Mt 10, 39
Dice el Señor: “El que pierda su vida por mí, la encontrará”.

Oración después de la comunión
Señor nuestro, que los sacramentos recibidos nos concedan aquella fortaleza que dio a tu mártir san Bonifacio la fidelidad en tu servicio y la victoria en su pasión. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Tob 2, 9-14
Lectura del libro de Tobías.
Una noche, después de bañarme, salí al patio y me acosté a dormir junto a la pared, con la cara descubierta a causa del calor. Yo no sabía que arriba, en la pared, había unos gorriones; de pronto, su estiércol caliente cayó sobre mis ojos, produciéndome unas manchas blancas. Me hice atender por los médicos, pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veía a causa de las manchas, hasta que me quedé completamente ciego. Así estuve cuatro años privado de la vista, y todos mis parientes estaban afligidos. Ajicar me proveyó de lo necesario durante dos años, hasta que partió para Elimaida. Desde ese momento, mi esposa Ana empezó a trabajar en labores femeninas: Hilaba lana, enviaba el tejido a sus clientes y recibía el pago correspondiente. Una vez, el siete del mes de Distros, terminó un tejido y lo entregó a sus clientes. Éstos le pagaron lo que correspondía y, además, le regalaron un cabrito para comer. Cuando entró en mi casa, el cabrito comenzó a balar. Yo llamé a mi mujer y le pregunté: “¿De dónde salió este cabrito? ¿No habrá sido robado? Devuélvelo a sus dueños, porque no podemos comer nada robado”. Ella me respondió: “¡Pero si es un regalo que me han hecho, además del pago!”. Yo no le creí e insistía en que lo devolviera a sus dueños, llegando a enojarme con ella por este asunto. Entonces ella me replicó: “¿Para qué te sirvieron tus limosnas y tus obras de justicia? ¡Ahora se ve bien claro!”.
Palabra de Dios.

Comentario
La situación de Tobit es dramática. Además de los sufrimientos que le vienen con su enfermedad, y la marginalidad derivada por no poder trabajar, también le asaltan malos pensamientos hacia su mujer, poniendo en duda su honestidad. Tobit, un hombre justo, piadoso y santo, ahora tiene que enfrentarse con la naturaleza humana débil en todo sentido, tanto en lo físico como en lo espiritual.

Salmo 111, 1-2. 7-9
R. El corazón del justo confía en el Señor.

Feliz el hombre que teme al Señor y se complace en sus mandamientos. Su descendencia será fuerte en la tierra: La posteridad de los justos es bendecida. R.

No tendrá que temer malas noticias: Su corazón está firme, confiado en el Señor. Su ánimo está seguro, y no temerá, hasta que vea la derrota de sus enemigos. R.

Feliz el hombre que teme al Señor. Él da abundantemente a los pobres: Su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. R.

Aleluya        cf. Ef 1, 17-18
Aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados. Aleluya.

Evangelio     Mc 12, 13-17
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?». 

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.
Palabra del Señor.

Comentario
No confiemos en quienes llegan a nosotros haciéndose los interesados en nuestras palabras ante situaciones conflictivas. Jesús no entró en sus juegos, no dijo qué debían hacer ni cuánto debían pagar. En cambio, nosotros estemos abiertos y dispuestos hacia quien busca la verdad y camina tras ella.

Oración introductoria
Señor creo en ti, ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, ayúdame a vivir sin desconfianza; Señor, te amo, ayúdame a demostrártelo con hechos. Quiero ofrecer esta meditación por las personas que no luchan por dar al César lo que es del César y a ti lo que es tuyo.

Petición
Señor, ayúdame a vivir siempre de cara a ti, jamás permitas que te deje de ver. Enséñame a darte lo que te corresponde.

Meditación 

Hoy, de nuevo nos maravillamos del ingenio y sabiduría de Cristo. Él, con su magistral respuesta, señala directamente la justa autonomía de las realidades terrenas: «Lo del César, devolvédselo al César» (Mc 12,17).

Pero la Palabra de hoy es algo más que saber salir de un apuro; es una cuestión que tiene actualidad en todos los momentos de nuestra vida: ¿qué le estoy dando a Dios?; ¿es realmente lo más importante en mi vida? ¿Dónde he puesto el corazón? Porque... «donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Lc 12,34).

En efecto, según san Jerónimo, «tenéis que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está en nosotros su imagen y no la del César». A lo largo de su vida, Jesucristo plantea constantemente la cuestión de la elección. Somos nosotros los que estamos llamados a elegir, y las opciones son claras: vivir desde los valores de este mundo, o vivir desde los valores del Evangelio.

Siempre es tiempo de elección, tiempo de conversión, tiempo para volver a “resituar” nuestra vida en la dinámica de Dios. Será la oración, y especialmente la realizada con la Palabra de Dios, la que nos vaya descubriendo lo que Dios quiere de nosotros. El que sabe elegir a Dios se convierte en morada de Dios, pues «si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14,23). Es la oración la que se convierte en la auténtica escuela donde, como afirma Tertuliano, «Cristo nos va enseñando cuál era el designio del Padre que Él realizaba en el mundo, y cual la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio». ¡Sepamos, por tanto, elegir lo que nos conviene!

Propósito
El día de hoy rezaré un padrenuestro al iniciar mi trabajo o estudio para recordarme que necesito dar al César lo del César y a Dios lo de Dios. 

Diálogo con Cristo
¡Señor!, gracias por recordarme cuáles son las prioridades en mi vida. Señor, que no dude darte generosamente el tiempo que te mereces. Señor, ilumíname cuando me exceda con las cosas de este mundo, con el César tirano, para que pueda escapar de sus garras y tener claro los límites entre lo tuyo y mis demás ocupaciones. Gracias por enseñarme con tu ejemplo a dar al César lo del César y a Dios lo que es de Dios.

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