Oficio de lecturas - Viernes de la semana VIII - Tiempo Ordinario



OFICIO DE LECTURA - VIERNES DE LA SEMANA VIII - TIEMPO ORDINARIO
De la Feria. Salterio IV

V. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría.
R. Presta oído a mi inteligencia. 

PRIMERA LECTURA


Año I:


Comienza la carta del apóstol Santiago     1, 1-18


SI ESTÁIS SOMETIDOS A TENTACIONES DIVERSAS, CONSIDERADLO COMO UNA ALEGRÍA


    Santiago, esclavo de Dios y de Jesucristo, el Señor. A las doce tribus que viven en la diáspora: ¡Salud!

    Hermanos míos, si estáis sometidos a tentaciones di. versas, consideradlo como una alegría, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce constancia. Pero haced que la constancia dé un resultado perfecto, para que seáis perfectos e íntegros, sin defectos en nada.
    Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará. Pero pida con fe, sin vacilar; porque quien vacila es semejante al flujo y reflujo del mar, que el viento agita y lleva de una parte a otra. Éste no espere recibir cosa alguna del Señor. Es un indeciso y un inconstante en todo su proceder.
    El hermano de humilde condición gloríese de su dignidad; el rico, por el contrario, gloríese de su humillación, porque pasará como flor de heno. Salió el sol con su ardor, secóse el heno, y cayó la flor, desapareciendo su belleza. Así también se marchitará el rico en sus empresas.
    Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman.
    Nadie, cuando es tentado, diga: «Soy tentado por Dios.» Porque Dios ni puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie. Cada uno es tentado por su propia concupiscencia que lo atrae y lo seduce; una vez que la concupiscencia ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, llegado a su madurez, engendra la muerte.
    Hermanos carísimos, basta ya de seguir en el engaño. Toda dádiva preciosa y todo don excelente provienen de lo alto, descienden del Creador de los astros. En él no se da cambio ni sombra alguna de eclipse. Porque así lo ha querido, nos ha engendrado por su mensaje de la verdad, para que seamos como primicias de sus creaturas.

Responsorio     St 1, 12; 2Tm 4, 7-8


R. Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida * que el Señor ha prometido a los que lo aman.

V. He combatido hasta el fin en noble combate, he llegado al término de la carrera, he guardado intacta la fe; de ahora en adelante sólo me espera la corona de la glorificación.
R. Que el Señor ha prometido a los que lo aman.


Año II:


De la segunda carta a los Corintios     11, 30 -- 12, 13


EL APÓSTOL SE GLORIA DE SU DEBILIDAD


    Hermanos: Si es preciso gloriarse, me gloriaré de mi debilidad. El Dios y Padre de Jesús, el Señor -que sea bendito por siempre jamás-, sabe que no miento. En Damasco, el etnarca del rey Aretas había puesto guardia en la ciudad con el propósito de apoderarse de mí; yo tuve que ser descolgado por una ventana muralla abajo, metido en una espuerta. Así escapé de sus manos.

    ¿Continuaré gloriándome? En verdad no hay por qué; pero voy a recurrir a las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un hombre que vive en Cristo, que hace catorce años fue arrebatado al tercer cielo (no sabría decir si en su cuerpo o fuera de su cuerpo, Dios lo sabe); y puedo decir que este hombre fue arrebatado al paraíso (si en su cuerpo o fuera de su cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe) y oyó cosas inefables, que a un hombre no le es permitido proferir. De este hombre sí me gloriaré; pero de lo que soy por mí mismo, sólo me gloriaré de mis debilidades. Que si yo realmente pretendiera vanagloriarme, no haría el fatuo, porque diría la verdad. Pero me abstengo, para que nadie forme de mí un concepto superior a lo que en mí ve, o a lo que de mí oye hablar.
    Y para que no me enorgullezca por la sublimidad de esas revelaciones, me ha sido dada una espina en mi cuerpo, un emisario de Satanás, para que me abofetee a fin de que no me envanezca. Tres veces pedí al Señor que lo alejase de mí, pero él me dijo: «Te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder.» Así que muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Me he hecho el fatuo. Vosotros me habéis obligado.
    Yo necesitaba que vosotros mismos me acreditaseis una y otra vez, pues, aunque no soy nada, en ninguna cosa he sido inferior a esos «superapóstoles». Y de veras que manifesté entre vosotros las señales de un apóstol verdadero: una paciencia probada en todos los sufrimientos, signos, prodigios y milagros. ¿Qué cosa habéis tenido de menos que las otras Iglesias, si no es la de no haber sido yo una carga para vosotros? ¡Perdonadme este agravio!

Responsorio     Cf. 2Co 12, 9; 4, 7


R. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo, * pues el poder de Dios se muestra perfecto en nuestra debilidad.

V. Llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca evidente que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios.
R. Pues el poder de Dios se muestra perfecto en nuestra debilidad.

SEGUNDA LECTURA

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios.
(Núms. 43. 47-49: SC 25 bis, 178-180. 182)

INSTRUCCIÓN DE LOS RECIÉN BAUTIZADOS SOBRE LA EUCARISTÍA

Los recién bautizados, enriquecidos con tales distintivos, se dirigen al altar de Cristo, diciendo: Me acercaré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud. En efecto, despojados ya de todo resto de sus antiguos errores, renovada su juventud como un águila, se apresuran a participar del convite celestial. Llegan, pues, y al ver preparado el sagrado altar, exclaman: Preparas una mesa ante mí. A ellos se aplican aquellas palabras del salmista: El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Y más adelante: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Es ciertamente admirable el hecho de que Dios hiciera llover el maná para los padres y los alimentase cada día con aquel manjar celestial, del que dice el salmo: El hombre comió pan de ángeles. Pero los que comieron aquel pan murieron todos en el desierto; en cambio, el alimento que tú recibes, este pan vivo que ha bajado del cielo, comunica el sostén de la vida eterna, y todo el que coma de él no morirá para siempre, porque es el cuerpo de Cristo.

Considera, pues, ahora qué es más excelente, si aquel pan de ángeles o la carne de Cristo, que es el cuerpo de vida. Aquel maná caía del cielo, éste está por encima del cielo; aquél era del cielo, éste del Señor de los cielos; aquél se corrompía si se guardaba para el día siguiente, éste no sólo es ajeno a toda corrupción, sino que comunica la incorrupción a todos los que lo comen con reverencia. A ellos les manó agua de la roca, a ti sangre del mismo Cristo; a ellos el agua los sació momentáneamente, a ti la sangre que mana de Cristo te lava para siempre. Los judíos bebieron y volvieron a tener sed, pero tú, si bebes, ya no puedes volver a sentir sed, porque aquello era la sombra, esto la realidad.

Si te admira aquello que no era más que una sombra, mucho más debe admirarte la realidad. Escucha cómo no era más que una sombra lo que acontecía con los padres: Bebían -dice el Apóstol- de la roca que los seguía, y la roca era Cristo; pero Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues fueron postrados en el desierto. Todas estas cosas acontecían en figura para nosotros. Los dones que tú posees son mucho más excelentes, porque la luz es más que la sombra, la realidad más que la figura, el cuerpo del Creador más que el maná del cielo.

RESPONSORIO    1Co 10, 1-2. 11. 3-4

R. Nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos atravesaron el mar; * todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; todas estas cosas les acontecían en figura.
V. Todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron de la misma espiritual bebida.
R. Todas estas cosas les acontecían en figura.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dirige, Señor, la marcha del mundo, según tu voluntad, por los caminos de la paz, y que tu Iglesia se regocije con la alegría de tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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