Oficio de lecturas - Jueves de semana VII - Tiempo Pascual





OFICIO DE LECTURA - JUEVES DE LA SEMANA VII - TIEMPO PASCUAL
Propio de la feria. Salterio III



Himno: ¿Y DEJAS, PASTOR SANTO?



¿Y dejas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, oscuro,

en soledad y llanto;

y tú, rompiendo el puro

aire, te vas al inmortal seguro?



Los antes bienhadados

y los ahora tristes y afligidos,

a tus pechos criados,

de ti desposeídos,

¿a dónde volverán ya sus sentidos?



¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura

que no les sea enojos?

Quien gustó tu dulzura

¿qué no tendrá por llanto y amargura?



Y a este mar turbado

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al fiero viento, airado,

Estando tú encubierto?

¿Qué norte guiará la nave al puerto?



Ay, nube envidiosa

aun de este breve gozo, ¿qué te quejas?

¿Dónde vas presurosa?

¡Cuán rica tú te alejas!



¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas! Amén.



V. Dios resucitó al Señor. Aleluya.
R. y nos resucitará también a nosotros por su poder. Aleluya. 


PRIMERA LECTURA



Año I


De la primera carta del apóstol san Juan 5, 13-21


LA ORACIÓN POR LOS PECADORES


Queridos hermanos: Os he escrito estas cosas, a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.


Y ésta es la seguridad y confianza que tenemos en él: que, si le pedimos algo conforme con su voluntad, él nos escucha. Y, si sabemos que nos escucha en todas nuestras peticiones, sabemos que tenemos conseguido todo lo que hayamos pedido. El que vea a su hermano cometiendo pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará vida. (Me refiero a pecados que no llevan a la muerte, pues hay pecado que conduce a la muerte. No me refiero a este caso.) Toda injusticia es pecado. Pero hay pecado que no va a la muerte.


Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca: el Nacido de Dios lo guarda y el maligno no lo toca. Sabemos que somos de Dios, mientras el mundo entero está bajo el influjo del maligno. Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia, para que conozcamos al Dios verdadero y para que estemos en él, su verdadero Hijo, el cual es Dios verdadero y es vida eterna. Hijos míos, guardaos de los ídolos.


RESPONSORIO    1Jn 5, 20; Jn 1, 18


R. Sabemos que el Hijo de Dios ha venido * y nos ha dado inteligencia, para que conozcamos al Dios verdadero. Aleluya.
V. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.
R. Y nos ha dado inteligencia, para que conozcamos al Dios verdadero. Aleluya.



Año II



De los Hechos de los apóstoles 27, 21-44



NAUFRAGIO DE PABLO



En aquellos días, llevábamos mucho tiempo sin comer, cuando Pablo, dirigiéndose a los tripulantes, les dijo:



«Amigos, mejor os hubiera sido seguir mis consejos, y no haber zarpado de Creta. Así nos habríamos ahorrado este percance y estos males. En la situación en que nos encontramos, yo os aconsejo que cobréis mucho valor. No perecerá ninguno de vosotros; sólo la nave se perderá. Esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien también adoro, y me ha dicho: "No tengas miedo, Pablo, que comparecerás ante el César; y mira, en consideración a tu persona, Dios guarda con vida a todos los que navegan contigo." Así, pues, cobrad ánimo, amigos; que yo confío en Dios que ha de suceder tal como me ha dicho; sin duda, encallaremos en alguna isla.»



Así llegó la decimocuarta noche en que íbamos a la deriva por el Adriático. A eso de media noche, sospecharon los marineros que se aproximaban a tierra. Echaron la sonda y encontraron veinte brazas de profundidad; al poco rato, la echaron de nuevo y encontraron quince. Ante el temor de dar en algún escollo, arrojaron cuatro anclas a popa y aguardaron con impaciencia a que se hiciese de día. A todo esto los marineros intentaban escapar de la nave y, con el pretexto de ir a echar lejos las anclas de proa, arriaron el esquife. Dijo entonces Pablo al centurión y a los soldados:



«Si no se quedan éstos en la nave, no os vais a poder salvar.»



En seguida, los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron a merced de las olas. Mientras llegaba el día, Pablo animaba a todos a comer, diciéndoles:



«Hoy hace catorce días que estáis en esta espera ansiosa, ayunando y sin haber tomado nada. Por eso yo os invito a tomar alimento, pues es necesario para vuestra salud. Mi un solo cabello perecerá de vuestra cabeza.»



Dicho esto, tomó pan y, dando gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a comer. Con ello, cobraron todos ánimo y comieron también. Éramos en total doscientos setenta y seis los que nos encontrábamos en la nave. Una vez satisfechos, aligeraron la nave, arrojando el trigo al mar. Cuando se hizo de día, comprobaron que no conocían aquella tierra, y, como divisaban una ensenada que tenía una playa, en ella acordaron encallar la nave, si podían. Soltaron las anclas y las abandonaron al mar; desataron al mismo tiempo las amarras de los timones e, izando al viento la vela del artimón, hicieron rumbo a la playa. Pero vinieron a dar en un bajo entre dos corrientes, y allí embarrancaron la nave; la proa, sujeta en el fondo, quedó inmóvil, mientras que la popa se deshacía por la violencia de las olas. Los soldados decidieron dar muerte a los presos para que ninguno escapase a nado; pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a tal propósito. Dio orden de que los que sabían nadar se arrojasen los primeros al agua, y saliesen a tierra; y que los demás saliesen, bien sobre tablas, bien sobre otros objetos de la nave. Y así llegaron todos sanos y salvos a tierra.



RESPONSORIO    Sal 106, 25. 28. 31



R. Habló el Señor y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto. * Gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Aleluya.

V. Den gracias al Señor por su misericordia, por las

maravillas que hace con los hombres. R. Gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de



la tribulación. Aleluya.


SEGUNDA LECTURA


Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 10, 16, 6-7: PG 74, 434)


SI NO ME VOY, EL ABOGADO NO VENDRÁ A VOSOTROS


Habían sido ya cumplidos los designios de Dios sobre la tierra; pero era del todo necesario que fuéramos hechos partícipes de la naturaleza divina de aquel que es la Palabra, esto es, que nuestra vida anterior fuera transformada en otra diversa, empezando así para nosotros un nuevo modo de vida según Dios, lo cual no podía realizarse más que por la comunicación del Espíritu Santo.


Y el tiempo más indicado para que el Espíritu fuera enviado sobre nosotros era el de la partida de Cristo, nuestro Salvador.


En efecto, mientras Cristo convivió visiblemente con los suyos, éstos experimentaban -según es mi opinión- su protección continua; mas, cuando llegó el tiempo en que tenía que subir al Padre celestial, entonces fue necesario que siguiera presente, en medio de sus adictos, por el Espíritu, y que este Espíritu habitara en nuestros corazones, para que nosotros, teniéndolo en nuestro interior, exclamáramos confiadamente: «Padre», y nos sintiéramos con fuerza para la práctica de las virtudes y, además, poderosos e invencibles frente a las acometidas del demonio y las persecuciones de los hombres, por la posesión del Espíritu que todo lo puede.


No es difícil demostrar, con el testimonio de las Escrituras, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, que el Espíritu transforma y comunica una vida nueva a aquellos en cuyo interior habita.


Samuel, en efecto, dice a Saúl: Te invadirá el Espíritu del Señor, te convertirás en otro hombre. Y san Pablo afirma: Y todos nosotros, reflejando como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor, por la acción del Señor, que es Espíritu. Porque el Señor es Espíritu.


Vemos, pues, la transformación que obra el Espíritu en aquellos en cuyo corazón habita. Fácilmente los hace pasar del gusto de las cosas terrenas a la sola esperanza de las celestiales, y del temor y la pusilanimidad a una decidida y generosa fortaleza de alma. Vemos claramente que así sucedió en los discípulos, los cuales, una vez fortalecidos por el Espíritu, no se dejaron intimidar por sus perseguidores, sino que permanecieron tenazmente adheridos al amor de Cristo.


Es verdad, por tanto, lo que nos dice el Salvador: Os conviene que yo vuelva al cielo, pues de su partida dependía la venida del Espíritu Santo.


RESPONSORIO    Jn 16, 7. 13


R. Si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros; pero, si me voy, os lo enviaré. * Y, cuando él venga, os conducirá a la verdad completa. Aleluya.
V. Porque no hablará por cuenta propia, sino que os dirá cuanto se le comunique y os anunciará las cosas futuras.
R. Y, cuando él venga, os conducirá a la verdad completa. Aleluya.


ORACIÓN.


OREMOS,
Tu Espíritu, Señor, infunda en nosotros la fuerza de sus dones, para que nuestros pensamientos te sean gratos y nuestra voluntad esté siempre sometida a la tuya. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Amén


CONCLUSIÓN


V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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