Oficio de Lectura - Muéstranos Señor, a quien has elegido - san Juan Crisóstomo, Obispo y doctor de la Iglesia (+407 dC)







OFICIO DE LECTURA - MIÉRCOLES DE SEMANA IV - TIEMPO PASCUAL


Del Común de apóstoles. 14 de mayo


SAN MATÍAS, apóstol. (FIESTA)
Fue agregado al grupo de los Doce, en sustitución de Judas, para ser, con los demás apóstoles, testigo de la resurrección del Señor, como leemos en los Hechos de los apóstoles (1, 15-26).


SEGUNDA LECTURA


De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre los Hechos de los apóstoles.
(Homilía 3, 1. 2. 3: PG 60, 33-36. 38)


MUÉSTRANOS, SEÑOR, A QUIÉN HAS ELEGIDO


Uno de aquellos días, dirigiéndose Pedro a los hermanos reunidos, habló así. Pedro, a quien el Señor había encomendado su grey, vehemente como siempre, ejerce el papel de protagonista y es el primero en tomar la palabra: Hermanos, es preciso que elijamos a uno de entre nosotros. Permite que todos den su opinión, a fin de que el elegido sea recibido con agrado, precaviéndose de la envidia a que este hecho podía dar ocasión, ya que estas cosas, con frecuencia, son origen de grandes males.


¿Qué conclusión, por tanto, sacaremos de esto? ¿Es que Pedro no podía elegir por sí mismo? Ciertamente, podía; pero se abstuvo de ello, para no demostrar preferencia por nadie. Además, no había recibido aún el Espíritu Santo. Y presentaron a dos -dice el texto sagrado-: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. No los presenta él, sino todos, Él lo que hizo fue aconsejar esta elección, haciendo ver que la iniciativa no partía de él, sino que se trataba de algo ya profetizado de antemano. Por esto su intervención en este caso fue la del que interpreta los designios de Dios, no la del que manda algo.


Hay aquí entre nosotros -dice- hombres que han andado en nuestra compañía. Fijémonos cómo quiere que el elegido sea un testigo ocular; aunque luego había de venir el Espíritu Santo, pone en esto un gran interés.


Hombres que han andado en nuestra compañía, y añade: todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor. Se refiere a los que han convivido con él, y no a los que sólo han sido discípulos suyos. Es sabido, en efecto, que eran muchos los que lo seguían desde el principio. Y, así, vemos que dice el Evangelio: Era uno de los dos que, oídas las palabras de Juan, habían ido en seguimiento de Jesús.


Y prosigue: Todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor, es decir, desde el bautismo de Juan. Con razón señala este punto de partida, ya que los hechos anteriores nadie los conocía por experiencia, sino que los enseñó el Espíritu Santo.


Luego continúa diciendo: Hasta el día de la ascensión; es, pues, preciso que elijamos a uno de ellos para que, junto con nosotros, dé testimonio de la verdad de la resurrección. No dice: «Para que dé testimonio de la verdad de las demás cosas», sino taxativamente: Para que dé testimonio de la verdad de la resurrección. En efecto, había de ser más digno de crédito uno que pudiera afirmar: «Aquel mismo que comía, bebía y fue crucificado es el que ahora ha resucitado.» Por lo tanto, interesaba un testigo no de lo del tiempo pasado ni de lo del futuro ni de los milagros, sino escuetamente de la resurrección. Porque todas aquellas cosas eran patentes y manifiestas; la resurrección, en cambio, era algo oculto que sólo ellos conocían.


Y todos juntos oraron, diciendo: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos. «Tú, no nosotros.» Muy acertadamente invocan al que conoce los corazones, ya que él, y nadie más, era el que tenía que hacer la elección. Y hablan a Dios con esta confianza, porque saben que la elección es algo absolutamente necesario. Y no dicen: «Escoge», sino: «Muéstranos al elegido» -a quién has elegido, dice el texto-, pues saben que Dios lo tiene todo determinado ya de antemano. Echaron suertes entre ellos. Es que aún no se consideraban dignos de hacer por sí mismos la elección, y por esto deseaban alguna señal que les diera seguridad.


RESPONSORIO Hch 1, 24-26


R. Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, * muéstranos a quién has elegido para ocupar el puesto en el ministerio del apostolado. Aleluya.
V. Echaron suertes entre ellos, y la suerte cayó sobre Matías; así quedó agregado a los once apóstoles.
R. Muéstranos a quién has elegido para ocupar el puesto en el ministerio del apostolado. Aleluya.


Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO


Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.


Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:


Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.


A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.


A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:


Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.


Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.


Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.


Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.


Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.


Tú vendrás algún día,
como juez universal.


Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.


Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.


La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.


Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.


Sé su pastor,
y guíalos por siempre.


Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.


Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.


Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.


Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.


A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.


ORACIÓN.


OREMOS,
Señor Dios, tú que, para completar el número de los doce apóstoles, elegiste a san Matías, concédenos, por la intercesión de este apóstol, a nosotros, que hemos recibido el don de tu amistad, poder ser contados un día entre tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén


CONCLUSIÓN


V. Bendigamos al Señor.


R. Demos gracias a Dios.

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