La liturgia diaria meditada - Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador (Jn 15,1-8) 02/05

Miércoles 02 de Mayo de 2018
San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia
(MO). Blanco.

Atanasio nació en Alejandría (Egipto) en el año 295. Ordenado obispo a los 33 años, se enfrentó con valentía y tozudez a los arrianos que negaban la divinidad de Jesús, y a los emperadores que seguían esa herejía. Por eso mismo, luego de sufrir varias persecuciones y exilios, se retiró al desierto con unos amigos y comenzó así a vivir lo que sería más adelante el estado monacal. Murió en el año 373.

Antífona de entrada          cf. Eclo 15, 5
El Señor lo colmó del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y lo revistió de su gloria, para que anunciara su palabra en medio de la Iglesia. Aleluya.

Oración colecta     
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste del obispo san Atanasio un defensor preclaro de la divinidad de tu Hijo, te pedimos que, con su doctrina y protección, crezcamos siempre en tu conocimiento y en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Mira, Señor, los dones que te presentamos en la conmemoración de san Atanasio, para que, cuantos conservan la integridad de la fe, alcancen la salvación por el testimonio de la verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        1Cor 3, 11
El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. Aleluya.

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, concede que la divinidad de tu Hijo único, que confesamos firmemente con san Atanasio, nos reanime y proteja siempre por la fuerza de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Hech 15, 1-6
Lectura de los Hechos de los Apóstoles.
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros de ellos, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto.
Palabra de Dios.
Comentario
Todos los fenómenos nuevos traen diversas preguntas y desafíos. La comunidad cristiana, que en sus inicios estuvo formada por los judíos que siguieron a Jesús, se vio conmocionada por el ingreso de los paganos. Esto fue el detonante para que se planteara el conflicto entre tradición y novedad, y entre las formas conocidas y los nuevos signos de los tiempos. La Iglesia más tarde se reunió en la Asamblea de Jerusalén para encarar la nueva situación y buscar cómo seguir adelante.
Salmo 121, 1-5
R. ¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!
¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la Casa del Señor”! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. R.
Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor. R.
Según es norma en Israel para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. R.
Aleluya        Jn 15, 4a. 5b
Aleluya. “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. El que permanece en mí da mucho fruto”, dice el Señor. Aleluya.
Evangelio     Jn 15, 1-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.
Palabra del Señor.
Comentario
Muchos de nosotros hemos visto alguna vez una vid frondosa y cargada de racimos. Es fecunda y bella y ofrece sus frutos para saciar el hambre y la sed. Así quiere Jesús que sea nuestra vida. Y para esto, basta que permanezcamos unidos a él.
Oración introductoria 
Padre, mi gran y buen viñador. Que esta oración me ayude a descubrir todo lo que tenga que «podar» en mi vida, para poder unirme plenamente a tu amada vid, Cristo, que me da la gracia para vivir en plenitud, como discípulo y misionero de su amor. 
Petición 
Señor, dame la gracia de ser un sarmiento que viva siempre unido a Ti, para poder dar fruto. 
Meditación 
Hoy contemplamos de nuevo a Jesús rodeado por los Apóstoles, en un clima de especial intimidad. Él les confía lo que podríamos considerar como las últimas recomendaciones: aquello que se dice en el último momento, justo en la despedida, y que tiene una fuerza especial, como de si de un postrero testamento se tratara.
Nos los imaginamos en el cenáculo. Allí, Jesús les ha lavado los pies, les ha vuelto a anunciar que se tiene que marchar, les ha transmitido el mandamiento del amor fraterno y los ha consolado con el don de la Eucaristía y la promesa del Espíritu Santo (cf. Jn 14). Metidos ya en el capítulo decimoquinto de este Evangelio, encontramos ahora la exhortación a la unidad en la caridad.
El Señor no esconde a los discípulos los peligros y dificultades que deberán afrontar en el futuro: «Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,20). Pero ellos no se han de acobardar ni agobiarse ante el odio del mundo: Jesús renueva la promesa del envío del Defensor, les garantiza la asistencia en todo aquello que ellos le pidan y, en fin, el Señor ruega al Padre por ellos —por todos nosotros— durante su oración sacerdotal (cf. Jn 17).
Nuestro peligro no viene de fuera: la peor amenaza puede surgir de nosotros mismos al faltar al amor fraterno entre los miembros del Cuerpo Místico de Cristo y al faltar a la unidad con la Cabeza de este Cuerpo. La recomendación es clara: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).
Las primeras generaciones de cristianos conservaron una conciencia muy viva de la necesidad de permanecer unidos por la caridad. He aquí el testimonio de un Padre de la Iglesia, san Ignacio de Antioquía: «Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre». He aquí también la indicación de Santa María, Madre de los cristianos: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).. 
Sin duda alguna la mejor manera de llegar a Cristo es la Virgen María; es el camino que nunca falla, el más directo y el más seguro. Porque ¿quién puede tener miedo de una Madre tan buena? Como le decía la Virgen de Guadalupe a Juan Diego: "¿No estoy yo aquí que soy tu madre?". Con una Madre así llegar a Cristo es lo más fácil del mundo y la vida del cristiano se convierte en un continuo gozo. 
Propósito 
Dar gracias a Dios con mi oración y mi trabajo y amar a Cristo y a su Iglesia y pedir a María su ayuda. 
Diálogo con Cristo 
La Palabra de Dios es la verdad. «Pidan lo que quieran y se les concederá». Señor, ¿por qué conociendo tu Palabra no la hago vida? ¿Por qué mi meditación frecuentemente no es auténtica oración? Sin Ti, mi vida es incompleta, sin Ti, la vida no tiene un sentido pleno, sin Ti, no puedo dar fruto, por eso hoy te pido tu gracia para que mi oración me lleve a compartir con los demás la alegría de haberte encontrado. 

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