La liturgia diaria meditada - Dejad que los niños vengan a mí (Mc 10, 13-16) 26/05





Sábado 26 de Mayo de 2018

San Felipe Neri, presbítero

(MO). Blanco.


Felipe, conocido como “el santo sonriente”, dedicó su vida a la evangelización de los más humildes. Formó una comunidad de sacerdotes para dedicarse a atender a los barrios más marginales de Roma. En todo momento se destacaba por su alegría, amabilidad y simpleza para tratar con todo tipo de personas. Se lo recuerda siempre alegre y sonriente. Murió en el pequeño departamento donde vivía, en el barrio de Trastévere, Roma, en 1595.

Antífona de entrada          Rom 5, 5; Cf. 8, 11

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Aleluya.



Oración colecta     



Dios nuestro, que elevas a tus servidores fieles a la gloria de los santos, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel fuego que penetró admirablemente el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.



Oración sobre las ofrendas        

Señor, te ofrecemos este sacrificio de alabanza; concédenos que, siguiendo el ejemplo de san Felipe, estemos siempre dispuestos, con alegría, a glorificar tu Nombre y a servir a los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.



Antífona de comunión        Jn. 15, 9

Así como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, dice el Señor; permanezcan en mi amor. Aleluya.



Oración después de la comunión



Saciados con el pan del cielo, te suplicamos, Padre, que imitando el ejemplo de san Felipe, anhelemos siempre el alimento que nos da la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.



Lectura        Sant 5, 13-20
Lectura de la carta de Santiago.
Hermanos: Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con óleo en el Nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados. Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para ser sanados. La oración perseverante del justo es poderosa. Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después volvió a orar; entonces el cielo dio la lluvia, y la tierra produjo frutos. Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, el que hace volver a un pecador de su mal camino sepa que salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados.
Palabra de Dios.


Comentario
La oración es nuestro sostén en todo momento. Con esta, expresamos nuestro ánimo y hablamos a Dios de lo que nos pasa. Cuando rezamos juntos se fortalece toda la comunidad. Por eso, con la oración crecemos en santidad.


Sal 140, 1-3. 8
R. ¡Que mi oración suba hasta ti, Señor!


Yo te invoco, Señor, ven pronto en mi ayuda: escucha mi voz cuando te llamo; que mi oración suba hasta ti como el incienso, y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde. R.


Coloca, Señor, un guardián en mi boca y un centinela a la puerta de mis labios. Pero mis ojos, Señor, están fijos en ti: en ti confío, no me dejes indefenso. R.


Aleluya          cf. Mt 11, 25
Aleluya. Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.


Evangelio      Mc 10, 13-16
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Le trajeron unos niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño no entrará en él”. Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.
Palabra del Señor.


Comentario
Esta escena nos presenta a Jesús con los niños. Mientras ellos crecen, dependen de sus padres porque no pueden procurarse solos aquello que necesitan para vivir. Jesús quiere que recibamos el Reino como niños porque este nos viene como don de Dios y no como fruto de nuestra autosuficiencia.


Oración introductoria
Danos tu gracia, Señor, para ser como niños en las manos de Dios. Regálanos la alegría de sabernos tus hijos y no permitas que nos alejemos de tu amor. 


Petición
Señor, que nunca desconfíe de tu amor.


Meditación 


En el fragmento del Evangelio de Marcos encontramos varias consideraciones. «Algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían» (Mc 10,13). Pero el Señor, a quien en el Evangelio leído en los últimos días le hemos visto hacerse todo para todos, con mayor motivo se hace con los niños. Así, «al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘No se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios’» (Mc 10,14). 


Cuantas cosas podemos aprender de los niños: su sencillez, su alegría, su entusiasmo, su inocencia, su pureza, pero en especial podemos aprender su confianza serena. Un niño sabe muy bien que sus padres lo aman y por eso confía ciegamente en ellos. No se cuestiona las cosas, simplemente se abandona a la voluntad de sus padres. Es precisamente esa confianza lo que más le agrada a Cristo y nos invita por ello a imitarla en nuestra relación con el Padre Celestial. 


Dios es un Padre infinitamente bueno y siempre busca demostrarnos su amor, pero pide de nosotros que seamos como niños, que sepamos con sencillez aceptar sus designios y nos abandonemos en sus brazos, con la confianza plena de que su amor por nosotros es más grande y más poderoso que cualquier contrariedad.


La alegría es el reflejo de un alma que confía en Dios y es el distintivo más claro y elocuente de la fe cristiana, por eso en este día esforcémonos por contagiarla a todos los que se nos acerquen, sabiendo que nuestra alegría es palabra silenciosa pero elocuente que hablan del amor de Dios y de la confianza en Él. 


Propósito
Mostrar un rostro alegre a pesar de las dificultades sabiendo que nunca me faltará la ayuda y protección de Dios.


Diálogo con Cristo
Jesús, te agradezco por todas los dones que me das diariamente y por la gran predilección que me tienes al darme la fe cristiana y la posibilidad de ser realmente tu hijo. Sabes bien lo débil que soy y lo fácil que me alejo de tu amor, por eso te pido humildemente que muevas mi corazón al arrepentimiento cada vez que me aleje de tu amor y te pida perdón con la sencillez de un niño. 



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