La liturgia diaria meditada - Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único (Jn 3,16-21) 11/04



Miércoles 11 de Abril de 2018
San Estanislao, obispo y mártir
(MO). Rojo.

Estanislao nació en Polonia en el año 1030. Fue obispo de Cracovia, cargo al que fue promovido por influencia del emperador Boleslao II. Sin embargo, esto no evitó que Estanislao se enfrentara al soberano para corregirlo de sus faltas morales, al punto de ser excomulgado. El rey, enfurecido, lo mandó asesinar y lo mataron durante la celebración de la Misa.

Antífona de entrada          Cf. 4 Esd 2, 35
La luz eterna brillará para tus santos, Señor, y ellos vivirán para siempre. Aleluya.

Oración colecta     
Dios nuestro, por defender tu honor, el obispo san Estanislao cayó bajo la espada de sus perseguidores; te pedimos, por su intercesión, la gracia de perseverar hasta la muerte, firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
En esta conmemoración del mártir san Estanislao, recibe, Señor, el sacrificio de reconciliación y alabanza, que te ofrecemos para que nos obtenga el perdón y nos ayude a vivir en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Jn 12, 24
Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Aleluya.

O bien:         Sal 115, 15
Es valiosa a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Padre y Señor nuestro, en esta celebración hemos recibido con alegría tus dones celestiales; te pedimos que, cuantos anunciamos la muerte de tu Hijo en el divino banquete, merezcamos participar, junto con los santos mártires, de su resurrección y de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Hech 5, 17-26
Lectura de los Hechos de los Apóstoles.
El Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos, llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: “Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida”. Los Apóstoles, obedeciendo la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: “Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro”. Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento, llegó uno diciendo: “Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo”. El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.
Palabra de Dios.
Comentario
Los jefes religiosos están “descolocados” ante esta comunidad que no ha desaparecido después de la condena de su maestro y que, por el contrario, aumenta su número rápidamente. El anuncio de Jesucristo vivo es para el Sanedrín una amenaza a su poder y control sobre el pueblo. Buscarán acallar este anuncio en un intento inútil, porque el Espíritu Santo mismo, ayer y hoy, continúa sosteniendo a su Iglesia.
Salmo 33, 2-9
R. El Señor escucha al pobre que lo invoca.
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: Que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia él y quedarán resplandecientes y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.
Aleluya        Jn 3, 16
Aleluya. Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único; todo el que cree en él tiene Vida eterna. Aleluya.
Evangelio     Jn 3, 16-21
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Dijo Jesús: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es condenado, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios”.
Palabra del Señor.
Comentario
“El que obra conforme a la verdad, se acerca a la luz”. Nicodemo, que fue de noche hasta Jesús, estaba buscando algo. Todavía no veía claro, pero al acercarse a Jesús se acercaba a la luz y a la verdad. A quienes tienen esta inquietud en el corazón, a quienes buscan con sinceridad la verdad, Dios no los deja sin respuesta. Él hace resplandecer su rostro.
Oración introductoria
Jesús, pongo toda mi libertad en tus manos para que Tú me guíes hacia esa luz que me aleje de las tinieblas. Dedico tiempo al radio, a la música, a la televisión, a los mensajes que me llegan por internet, etc., en vez de buscar con ahínco más y mejor tiempo para mi oración. 
Dios mío, haz que me dé cuenta que lo primero que tengo que buscar en mi día y en mi corazón es tu luz, tu verdad, tu voz de suave y firme Pastor.
Meditación 
El pasaje del Evangelio de hoy identifica a Jesucristo como «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Sin Jesús sólo encontramos desolación, falsedad y muerte. Sólo hay un camino, y sólo uno que lleve al Cielo,que se llama Jesucristo.
Cristo no es una opinión más. Jesucristo es la auténtica Verdad. Negar la verdad es como insistir en cerrar los ojos ante la luz del Sol. Tanto si le gusta como si no, el Sol siempre estará ahí; pero el infeliz ha escogido libremente cerrar sus ojos ante el Sol de la verdad. De igual forma, muchos se consumen en sus carreras con una tremenda fuerza de voluntad y exigen emplear todo su potencial, olvidando que tan solo pueden alcanzar la verdad acerca de sí mismos caminando junto a Jesucristo.
Por otra parte, cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,32). La verdad de cada uno es una llamada a convertirse en el hijo o la hija de Dios en la Casa Celestial: «Porque ésta es la voluntad de Dios: tu santificación» (1Tes 4,3). Dios quiere hijos e hijas libres, no esclavos.
En realidad, el “yo” perfecto es un proyecto común entre Dios y yo. Cuando buscamos la santidad, empezamos a reflejar la verdad de Dios en nuestras vidas. Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios. 
La oscuridad nos inquieta. La luz, en cambio, nos da seguridad. En la oscuridad no sabemos dónde estamos. En la luz podemos encontrar un camino. En pocas líneas, el Evangelio nos presenta los dos grandes misterios de nuestra historia.
Por un lado, "tanto amó Dios al mundo". Sin que lo mereciéramos, nos entregó lo más amado. Aún más, se entregó a sí mismo para darnos la vida. Cristo vino al mundo para iluminar nuestra existencia.
Y en contraste, "vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz". No acabamos de darnos cuenta de lo que significa este amor de Dios, inmenso, gratuito, desinteresado, un amor hasta el extremo.
El infinito amor de Dios se encuentra con el drama de nuestra libertad que a veces elige el mal, la oscuridad, aún a pesar de desear ardientemente estar en la luz. Pero precisamente, Cristo no ha venido para condenar sino para salvarnos. Viene a ser luz en un mundo entenebrecido por el pecado, quiere dar sentido a nuestro caminar. 
Obrar en la verdad es la mejor manera de vivir en la luz. Y obrar en la verdad es vivir en el amor. Dejarnos penetrar por el amor de Dios "que entregó a su Hijo unigénito", y buscar corresponderle con nuestra entrega. 
Propósito
Que mi testimonio de vida, coherente con la Palabra de Dios, ilumine el camino de los demás.
Diálogo con Cristo


Gracias, Señor, por darme la luz para saber tomar el camino que me lleve a la santidad. Ciertamente ese camino no es el más fácil, ni ante los ojos humanos el más bonito o agradable. Es más, hay un temor interno que no me deja abandonarme totalmente en tu providencia, un espíritu controlador que no logro dominar fácilmente. Pero qué maravilla saber que Tú, a pesar de mis apegos, me sigues amando, perdonando, realmente quiero corresponder a tanto amor.

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