Oficio de lecturas - Lunes de la Semana IV - Tiempo de Cuaresma

OFICIO DE LECTURA - LUNES DE LA SEMANA IV - TIEMPO DE CUARESMA
Propio del Tiempo. Salterio IV
Himno: ESTE LARGO MARTIRIO DE LA VIDA
Este largo martirio de la vida,
la fe tan viva y la esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y al consuelo tan dormida;
esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no halle entrada ni salida;
ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,
de que me han de librar esos tus brazos
que para recibirme están abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.
V. Convertíos y creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el reino de Dios. 
PRIMERA LECTURA
De la carta a los Hebreos 7, 11-28
EL SACERDOCIO ETERNO DE CRISTO
Hermanos: Si la perfección hubiese venido por el sacerdocio levítico (pues en él se fundaba la legislación del pueblo), ¿qué necesidad había de suscitar otro sacerdote según el rito de Melquisedec, y no según el rito de Aarón?
Cambiado el sacerdocio, necesariamente se cambió también la ley. Pues bien, aquel de quien dice estas cosas la Escritura pertenece a una tribu distinta de la de Leví, y de ella nadie se consagró nunca al altar. Todo el mundo sabe que nuestro Señor nació de la tribu de Judá, de la que nada dijo Moisés referente al sacerdocio.
Y esta sustitución de la leyes todavía más evidente si surge otro sacerdote según el rito de Melquisedec, que ha sido constituido tal, no por una ley de prescripción carnal, sino por el poder de una vida indestructible. Así Dios afirma de él: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
Y, así, queda abrogada la ordenación anterior por razón de su ineficacia e inutilidad, pues la ley no llevó nada a su perfección, ya que no era más que una introducción a una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios.
Y este sacerdote no fue constituido sin juramento por parte de Dios. Aquéllos lo fueron sin juramento, pero éste fue constituido con juramento, pronunciado por aquel que le dijo: «Juró el Señor y no se arrepentirá: tú eres sacerdote para siempre.» Así, Jesús se hace fiador de una alianza mucho más excelente que la primera. Y mientras aquéllos fueron constituidos sacerdotes en gran número, porque la muerte les impedía perdurar en su sacerdocio, éste, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos.
Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo. Y es que la ley constituyó sumos sacerdotes a hombres sometidos a fragilidad; en cambio, la palabra de aquel juramento posterior a la ley constituyó al Hijo sumo sacerdote perfecto para siempre.
RESPONSORIO    Hb 5, 5. 6; 7, 20. 21
R. Cristo no se dio a sí mismo la gloria del sumo sacerdocio, sino que la recibió de aquel que le dijo: * «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
V. Los sacerdotes de la antigua ley fueron constituidos sin juramento, pero Jesús fue constituido con juramento, pronunciado por aquel que le dijo:
R. «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
Del libro del Levítico 16, 2-28
EL DÍA DE LA EXPIACIÓN
En aquellos días, ordenó Dios a Moisés lo siguiente:
«Di a tu hermano Aarón que no entre en cualquier ocasión a la parte del santuario que está detrás del velo, ante el propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera ante mí, pues yo me hago visible en forma de nube sobre la cubierta del arca.
Éste es el rito que seguirá Aarón para entrar en el santuario: Tomará un novillo para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto. Se vestirá la túnica sagrada de lino y calzón igualmente de lino, se ceñirá una banda de lino y se pondrá una tiara de lino. Éstas son las vestiduras sagradas que se pondrá después de haberse bañado. Además recibirá de la asamblea de los israelitas dos machos cabríos para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto.
Después que Aarón haya ofrecido su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y que haya hecho el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, tomará los dos machos cabríos y los presentará ante el Señor a la entrada de la Tienda de Reunión. Echará la suerte sobre ellos: uno le tocará al Señor y el otro a Azazel. Tomará el que haya tocado en suerte al Señor y lo ofrecerá en sacrificio expiatorio. El que haya tocado en suerte a Azazel lo presentará vivo ante el Señor, para hacer sobre él el rito de expiación y después lo mandará a Azazel al desierto.
Así, pues, Aarón ofrecerá primero su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y hará el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, e inmolará el novillo. Tomará luego un incensario, lleno de brasas tomadas del altar que está ante el Señor, y dos puñados de incienso aromático pulverizado, y llevará todo esto detrás del velo. Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio; luego hará con el dedo otras siete aspersiones de sangre en la parte del frente del propiciatorio. En seguida inmolará el macho cabrío, destinado para el sacrificio expiatorio por el pecado del pueblo; llevará su sangre dentro del velo, y hará con ella lo mismo que hizo con la sangre del novillo: rociando el propiciatorio y su parte anterior. Así hará el rito de expiación sobre el santuario, por todas las impurezas y delitos de los hijos de Israel, por todos sus pecados.
Lo mismo hará luego con la Tienda de Reunión que se encuentra entre ellos, en medio de sus impurezas. No habrá nadie en la Tienda de Reunión, desde que entre al santuario, para hacer la expiación por sí mismo, por su casa y por toda la comunidad de Israel, hasta que salga. Cuando haya salido, irá al altar que está ante el Señor y hará sobre él el rito de expiación: tomará sangre del novillo y del macho cabrío, ungirá con ella los salientes del altar y rociará la sangre con el dedo siete veces sobre el altar. Así lo purificará y santificará de las impurezas de los hijos de Israel.
Acabada la expiación del santuario, de la Tienda de Reunión y del altar, Aarón hará traer el macho cabrío vivo. Con las dos manos puestas sobre la cabeza del macho cabrío, confesará las iniquidades y delitos de los hijos de Israel, todos sus pecados; se los echará en la cabeza al macho cabrío y, después, lo mandará al desierto, por medio de un hombre designado para ello. Así, el macho cabrío se llevará consigo todas las iniquidades de los hijos de Israel a una tierra deshabitada. El encargado lo soltará en el desierto.
Después Aarón entrará en la Tienda de Reunión, se quitará las vestiduras de lino, que se había puesto para entrar en el santuario, y las dejará allí. En seguida bañará su cuerpo en un lugar santo. Luego se pondrá sus vestiduras, volverá a salir y ofrecerá su holocausto y el holocausto del pueblo. Hará la expiación por sí mismo y por el pueblo, y dejará quemarse sobre el altar la grasa de la víctima expiatoria. El que ha llevado el macho cabrío a Azazel lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.
Las víctimas expiatorias, el novillo y el macho cabrío, cuya sangre se introdujo en el santuario para hacer el rito de expiación, se sacarán fuera del campamento, y se quemará su piel, carne e intestinos. El encargado de quemarlos lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.»
RESPONSORIO    Hb 9, 11. 12. 24
R. Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, * y entró de una vez para siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.
V. No entró Cristo en un santuario levantado por mano de hombre, sino en el mismo cielo.
R. y entró de una vez para siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el Levítico
(Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)
CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS
Una vez al año, el sumo sacerdote, dejando afuera al pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar de los aromas; lugar donde sólo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar.
Pero fijémonos en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana, estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice él mismo: Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia del Señor. Y, una vez durante este año, el día de la expiación, entró en el santuario, es decir, cuando, cumplida su misión, penetró en los cielos, entró a la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para interceder en favor de todos los que creen en él.
El apóstol Juan, conocedor de esta propiciación que nos reconcilia con el Padre, dice: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.
También Pablo alude a esta propiciación, cuando afirma de Cristo: A quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe. Por lo tanto, el día de nuestra propiciación continúa hasta el fin del mundo.
Dice la palabra de Dios: Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio.
Este texto nos recuerda el modo como en el antiguo Testamento se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú que has venido a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre, trasciende con tu mirada la sangre de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de aquel que es la Palabra, escuchando lo que él mismo te dice: Ésta es mi sangre, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados.
El hecho de rociar el lado oriental tiene también su significado. De oriente nos viene la propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que ha sido constituido mediador entre Dios y los hombres. Ello te invita a que mires siempre hacia oriente, de donde sale para ti el sol de justicia, de donde te nace continuamente la luz, para que no camines nunca en tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último; para que no se apodere de ti la noche y oscuridad de la ignorancia, sino que vivas siempre en la luz de la sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la luz de la caridad y de la paz.
RESPONSORIO    Cf. Hb 6, 19. 20; cf. 7, 2. 3
R. Jesús, el Cordero sin mancha, penetró hasta el interior del santuario, como precursor nuestro, * constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
V. Él es el rey de justicia, cuya vida no tiene fin.
R. Constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios necesarios para su vida terrena. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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