La liturgia diaria meditada - Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos (Jn 8,31-42) 21/03

Miércoles 21 de Marzo de 2018
De la feria
Morado

Martirologio Romano: En la región montañosa comúnmente llamada Ranft, junto a Sachseln, en Suiza, san Nicolás de Flüe, que, por inspiración divina, deseoso de otro género de vida, dejó a su esposa y a sus diez hijos, y se retiró al monte para abrazar la vida de anacoreta, en la cual llegó a ser célebre por su dura penitencia y desprecio del mundo. Solamente una vez salió de su celda, y fue para apaciguar con una breve exhortación a quienes estaban a punto de enfrentarse en una guerra civil († 1487). Fecha de Beatificación: 8 de marzo de 1669 por el Papa Clemente IX. Fecha de Canonización: 15 de mayo de 1947 por el Papa Pío XII.
Antífona de entrada    Sal 17, 49
Tú, Señor, me liberas de mis enemigos, me haces triunfar de mis agresores y me libras del hombre violento.
Oración colecta         
Dios misericordioso, ilumina el corazón de tus fieles purificado por la penitencia cuaresmal, y ya que has puesto en nosotros el deseo de servirte, escucha paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Oración sobre la ofrendas    
Acepta, Señor, los dones que nos concedes presentar en honor de tu Nombre para que sean remedio de nuestra debilidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión  Col 1, 13-14
Dios nos hizo entrar en el reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados.
Oración después de la comunión
Señor todopoderoso, que los misterios recibidos sean medicina espiritual, purifiquen los vicios de nuestro corazón y nos aseguren tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración sobre el pueblo    (Facultativa)
Dios todopoderoso: atiende las súplicas de tu pueblo, y a quienes concedes confiar en tu bondad, otórgales tu constante misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Lectura     Dn 3, 1. 4. 5b-6. 8. 12. 14-20. 24-25. 28
Lectura de la profecía de Daniel.
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. Y el heraldo proclamó con fuerza: “A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: Ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente”. En ese mismo momento, se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos. Dijeron al rey Nabucodonosor: “Hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia. Esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que tú has erigido”. Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: “¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios podrá salvarlos de mi mano?”. Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: “No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido”. Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente. El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: “¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?”. Ellos le respondieron, diciendo: “Así es, rey”. Él replicó: “Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses”. Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios”.
Palabra de Dios.
Comentario
Estos hombres son modelo de fidelidad y confianza en Dios. Ellos decidieron ser fieles a él, y esta fidelidad dio sus frutos: fueron salvados de una muerte segura.
(Sal) Dn 3, 52-56
R. ¡A ti, gloria y honor eternamente!
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. 
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre. 
Alabado y exaltado eternamente. R.
Bendito seas en el Templo de tu santa gloria. 
Aclamado y glorificado eternamente por encima de todo. R.
Bendito seas en el trono de tu reino. 
Aclamado por encima de todo y exaltado eternamente. R.
Bendito seas tú, que sondeas los abismos y te sientas sobre los querubines. 
Alabado y exaltado eternamente por encima de todo. R.
Bendito seas en el firmamento del cielo. 
Aclamado y glorificado eternamente por encima de todo. R.
Versículo        cf. Lc 8, 15
Felices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia.
Evangelio        Jn 8, 31-42
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos le respondieron: “Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: ‘Ustedes serán libres’?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes. Yo digo lo que he visto junto al Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre”. Ellos le replicaron: “Nuestro padre es Abraham”. Y Jesús les dijo: “Si ustedes fueran hijos de Abraham, obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre”. Ellos le dijeron: “Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios”. Jesús prosiguió: “Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió”.
Palabra del Señor.
Comentario
Cuando dejamos que la verdad nos inunde, cuando sabemos y conocemos cabalmente quiénes somos y nos acercamos al misterio de Dios, entonces estamos camino a la verdadera libertad. Se trata de la independización de nuestro egoísmo y pecados, la búsqueda insaciable de los bienes propios y de tantas otras trabas y opresiones que nosotros mismos nos creamos. Pensemos: ¿En qué nos mentimos hoy?, ¿en dónde faltamos a la verdad?
Oración introductoria
Señor, gracias por este nuevo día. Ayúdame a aprovechar al máximo este tiempo de oración que me concedes para encontrarme contigo. Que tu Palabra me ayude a conocerte mejor y llegue así a alcanzar la libertad que me tienes prometida. Dame la libertad que sólo Tú puedes dar. Ayúdame a aborrecer el pecado que me esclaviza. Señor, que te reconozca en mi vida como al Único que puede liberarme del pecado. Haz que todas mis obras vayan siempre conforme a la voluntad del Padre.
Señor, líbrame de todo lo que me ata al pecado y hazme un fiel hijo Tuyo.
Meditación 
Hoy, el Señor dirige duras palabras a los judíos. No a cualquier judío, sino, precisamente, a aquellos que abrazaron la fe: Jesús dijo «a los judíos que habían creído en Él» (Jn 8,31). Sin duda, este diálogo de Jesús refleja el inicio de aquellas dificultades causadas por los cristianos judaizantes en la primera hora de la Iglesia.
Como eran descendientes de Abraham según la consanguineidad, esos tales discípulos de Jesús se consideraban superiores no solamente de los gentíos que vivían lejos de la fe, sino también superiores a cualquier discípulo no judío partícipe de la misma fe. Ellos decían: «Nosotros somos descendencia de Abraham» (Jn 8,33); «nuestro padre es Abraham» (v. 39); «solo tenemos un padre, Dios» (v. 41). A pesar de ser discípulos de Jesús, tenemos la impresión de que Jesús nada representaba para ellos, nada acrecentaba al que ya poseían. Pero es ahí donde se encuentra el gran error de todos ellos: los verdaderos hijos no son los descendientes según la consanguineidad, sino los herederos de la promesa, o sea, aquellos que creen (cf. Rom 9,6-8). Sin la fe en Jesús no es posible que alguien alcance la promesa de Abraham. Por tanto, entre los discípulos «no hay judíos o griego; no hay esclavo o libre; no hay hombre o mujer», porque todos son hermanos por el bautismo (cf. Gal 3,27-28).
No nos dejemos seducir por orgullo espiritual. Los judaizantes se consideraban superiores a los otros cristianos. No es necesario hablar, aquí, de los hermanos separados. Pero pensemos en nosotros mismos. ¡Cuántas veces algunos católicos se consideran mejores que los otros católicos porque siguen este o aquel movimiento, porque observan esta o aquella disciplina, porque obedecen a este o a aquel uso litúrgico! Unos, porque son ricos; otros, porque estudiaron más. Unos, porque ocupan cargos importantes; otros, porque vienen de familias nobles... 
Tenemos la misión de enseñar a los hombres todo lo que aprendemos en nuestro con el Señor. Dar a conocer sus Palabras que dan la vida al alma, que hacen los verdaderos discípulos de Cristo. A nosotros se nos ha confiado el ser testigos de la Verdad, la Única que hace libres a los hombres. No cabe duda de que esta tarea también nos será difícil, pero no olvidemos la asistencia del Espíritu Santo y de la Virgen. Sólo basta guardar la Palabra de Jesús, esto es, ser fiel a su voluntad.
Propósito
Pedir en un misterio del rosario por aquellas almas que están más alejadas de Dios para que puedan conocer, en esta Cuaresma, el amor de Dios que da su vida por ellas.
Diálogo con Cristo
Jesús mío la misión que me has confiado es difícil como lo fue también para ti. Dame las fuerzas necesarias para ser testigo en este mundo que busca la libertad, pero que lo hace a veces por caminos equivocados. Dame el celo y el amor que te llevó a dar testimonio del amor de Dios a los hombres. Señor, que te reconozca como mi Padre para que te ame como un hijo fiel.

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