La liturgia diaria meditada - Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,13-19) 22/02

Jueves 22 de Febrero de 2018
La Cátedra de san Pedro, apóstol
(F). Blanco.
“Cátedra” significa sede fija. En el ámbito académico, se habla de una “cátedra” como el lugar desde donde se imparte la enseñanza. En esta fiesta recordamos que Jesús le dejó a san Pedro, y en él a toda la Iglesia, la misión de enseñar. Esa enseñanza constituye el Magisterio de la Iglesia, que de manera dinámica sigue transmitiendo el mensaje de Jesús.
Antífona de entrada    cf. Lc 22, 32
El Señor dijo a Pedro: “Yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos”.
Oración colecta         
Dios todopoderoso, te pedimos que ninguna tribulación nos perturbe ya que nos has edificado sobre la piedra de la confesión apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas  
Acepta con bondad, Señor, las oraciones y ofrendas de tu Iglesia para que alcance la vida eterna, guiada por el apóstol Pedro, cuyo magisterio la mantiene en la integridad de la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión  cf. Mt 16, 16.18
Pedro dijo a Jesús: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Oración después de la comunión
Dios y Padre nuestro, que en la celebración del apóstol san Pedro nos alimentaste con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, haz que este misterio de redención sea para nosotros sacramento de unidad y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Lectura           1 Ped 5, 1-4
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.
Queridos hermanos: Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada. Apacienten el rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino voluntariamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación, no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.
Palabra de Dios.
Comentario
Siguiendo el modelo de organización de muchas sociedades antiguas, la Iglesia destaca el lugar de los ancianos (en griego “presbíteros”). A ellos les compete la tarea de pastorear, y la carta explicita cómo debe hacerse esta tarea: Sin afán de lucro, sin tiranizar, y llevando una vida que sea modelo para la comunidad.
Sal 22, 1-6
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor por muy largo tiempo. R.
Versículo        Mt 13, 18
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella.
Evangelio        Mt 16, 13-19
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”. Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el Cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el Cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el Cielo”.
Palabra del Señor.
Comentario
Estamos ante un diálogo que revela las identidades. Pedro dice: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” y expresa así la fe de toda la Iglesia, fe que se confirmará en Pentecostés con la fuerza del Espíritu Santo. Y Jesús dice: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Al darle un nuevo nombre a Simón, le está dando una misión. En el símbolo de la piedra se aúnan la fortaleza y la solidez. Jesús quiere una Iglesia que se mantenga firme en la confesión de su fe.
Oración introductoria
Gracias Señor por permitirme el regalo de un día más. No sé que es lo que me tienes reservado para mi futuro sólo sé que quiero ofrecerte mi presente limitado, pero entusiasmado y sediento de conocerte para mejor amarte.
Espíritu Santo recibe mis manos abiertas para pedirte que mi confesión de amor por Dios no sea sólo con mis labios, sino que mis labios puedan confesar el deseo de vivir en conformidad con lo que conozco de Dios.
Meditación 
Hoy celebramos la Cátedra de san Pedro. Desde el siglo IV, con esta celebración se quiere destacar el hecho de que —como un don de Jesucristo para nosotros— el edificio de su Iglesia se apoya sobre el Príncipe de los Apóstoles, quien goza de una ayuda divina peculiar para realizar esa misión. Así lo manifestó el Señor en Cesarea de Filipo: «Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). En efecto, «es escogido sólo Pedro para ser antepuesto a la vocación de todas las naciones, a todos los Apóstoles y a todos los padres de la Iglesia» (San León Magno).
Desde su inicio, la Iglesia se ha beneficiado del ministerio petrino de manera que san Pedro y sus sucesores han presidido la caridad, han sido fuente de unidad y, muy especialmente, han tenido la misión de confirmar en la verdad a sus hermanos.
Jesús, una vez resucitado, confirmó esta misión a Simón Pedro. Él, que profundamente arrepentido ya había llorado su triple negación ante Jesús, ahora hace una triple manifestación de amor: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo» (Jn 21,17). Entonces, el Apóstol vio con consuelo cómo Jesucristo no se desdijo de él y, por tres veces, lo confirmó en el ministerio que antes le había sido anunciado: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,16.17).
Esta potestad no es por mérito propio, como tampoco lo fue la declaración de fe de Simón en Cesarea: «No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16,17). Sí, se trata de una autoridad con potestad suprema recibida para servir. Es por esto que el Romano Pontífice, cuando firma sus escritos, lo hace con el siguiente título honorífico: Servus servorum Dei.
Se trata, por tanto, de un poder para servir la causa de la unidad fundamentada sobre la verdad. Hagamos el propósito de rezar por el Sucesor de Pedro, de prestar atento obsequio a sus palabras y de agradecer a Dios este gran regalo.
Propósito
Renovaré hoy en cinco minutos delante de un crucifijo mi deseo de coherencia con lo que sé que es verdadero y perenne.
Diálogo con Cristo
Si tú fuiste capaz de infundirle a Pedro el coraje que se requiere el testimoniarte, hoy dame a mí la gracia de hacer lo mismo con la alegría que sólo viene del que se entrega a ti.
Si vis mutare mores, muta amores
“Si quieres cambiar tus costumbres, cambia tus amores” 


(San Agustín).

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