La liturgia diaria meditada - Solemnidad del Bautismo del Señor (Mc 1, 7-11) 07/01



Domingo 07 de Enero de 2018
El Bautismo del Señor
Fiesta. Blanco. Tiempo de Navidad


Martirologio Romano: San Raimundo de Peñafort, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones y, llegado a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España. (1275) Fecha de canoización: 29 de abril de 1601 por el Papa Clemente VIII.

Antífona de entrada          cf. Mt 3, 16-17
Los cielos se abrieron después del bautismo del Señor, y el Espíritu, en forma de paloma, descendió sobre él. Se oyó la voz del Padre: “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección”.

Se dice Gloria

Oración colecta     
Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste a Cristo como Hijo tuyo muy amado, cuando era bautizado en el Jordán, y el Espíritu Santo descendía sobre él; concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu, perseverar siempre en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:        
Dios nuestro, tu Hijo unigénito se ha manifestado en la realidad de nuestra carne; concédenos que él nos transforme interiormente, ya que lo reconocemos semejante a nosotros en su humanidad. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Se dice Credo. 

Oración sobre las ofrendas 
Recibe, Padre, los dones que te presentamos al celebrar la manifestación de tu Hijo amado, para que nuestra ofrenda se convierta en el sacrificio de Aquél que, misericordiosamente, quiso lavar los pecados del mundo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio Propio

Antífona de comunión        Jn 1, 32. 34
Juan dio este testimonio: “Yo lo he visto, y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”.

Oración después de la comunión
Alimentados con el pan del cielo, te pedimos, Padre, que escuchemos con fidelidad a tu Hijo unigénito y así nos llamemos y seamos verdaderamente hijos tuyos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

1ª Lectura    Is 55, 1-11
Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta, y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica. ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Palabra de Dios.

Comentario
Todo el pasaje es una gran exhortación a recibir gratuitamente los dones de Dios: agua que sacia, alimento que colma y lluvia que riega suavemente. Todo esto quiere ser Dios para nosotros, y realizarlo en nuestra vida con su palabra poderosa. Por Jesús, somos hijos e hijas muy amados de Dios. Él quiere realizar plenamente su alianza.


(Sal) Is 12, 2-6
R. Sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Y dirán en aquel día: Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡Que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

2ª Lectura    1Jn 5, 1-9
Lectura de la primera carta de san Juan.

Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.
Palabra del Señor.

Comentario
El Espíritu Santo nos abre la inteligencia y el corazón para que reconozcamos quién es Jesús: el Hijo de Dios. Y como él es el Espíritu de la Verdad, nos enseña también quiénes somos nosotros: hijos e hijas muy amados de Dios. Esta experiencia filial nos lleva a vivir en el amor.


Aleluya        Jn 1, 29
Aleluya. Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Aleluya.

Evangelio     Mc 1, 7-11
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Juan Bautista predicaba, diciendo: “Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”. En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.
Palabra de Dios.

Comentario
El bautismo de Jesús señala el comienzo de su ministerio público. Hasta ese momento, Jesús había llevado la vida anónima de un hombre de Nazaret. El bautismo es la manifestación de la gloria divina: nos presenta a la Santísima Trinidad y señala el momento a partir del cual Jesús comenzará a manifestarse como el Ungido que viene a realizar la salvación y a evangelizar a los pobres.

Oración introductoria
Jesús, al igual que Juan, reconozco que no soy digno de tanto amor y tantas gracias con las que colmas mi vida. Permite que esta oración me lleve a conocerte de modo más profundo. Quiero esperar en Ti y amarte con más constancia en mi vida.

Petición
Jesús, dame el gran don de saber apreciar el don de mi bautismo para permanecer siempre en estado de gracia.


PREFACIO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR.

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tu quisiste señalar con signos portentosos
el nuevo bautismo en el Jordán
de modo que, por la voz que venia del cielo,
creyéramos que tu Verbo habitaba entre nosotros;
y por medio de tu Espíritu,
que descendió en forma de paloma,
se conociera que Cristo, tu Servidor,
era ungido con oleo de alegría
y enviado a evangelizar a los pobres.

Por eso con todos los coros celestiales
te aclamamos en la tierra,
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

REFLEXIÓN

1. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Las fotos del bautismo son siempre fotos del bautismo con agua. No puede ser de otra manera, porque aún no tenemos cámaras para fotografiar al Espíritu. Pero el agua, que limpia por fuera al cuerpo, es sólo un signo del Espíritu que limpia y llena de gracia por dentro al alma. El Espíritu que llena por dentro el alma del niño es Dios mismo, es el Espíritu de Jesús de Nazaret. La persona que está llena de este Espíritu actúa y vive con el Espíritu de Jesús de Nazaret. Es evidente que, según el antiguo dicho filosófico, todo lo que se recibe se recibe según la capacidad del que lo recibe. Ninguna persona humana puede recibir plenamente el Espíritu de Jesús de Nazaret porque nuestra capacidad no nos lo permite. El espíritu define a la persona y ninguno de nosotros puede ser plenamente Jesús de Nazaret. Pero en el bautismo recibimos el Espíritu de Jesús de Nazaret, según nuestra capacidad humana y esto puede hacernos, y de hecho nos hace, hijos de Dios y hermanos de Cristo. Todo esto, que puede parecernos teología abstracta, debe traducirse en comportamientos prácticos. Actuar según el Espíritu de Jesús de Nazaret es querer vivir como él vivió, defender los valores que él defendió y relacionarnos con Dios, nuestro Padre, como él se relacionó. Todo según nuestra capacidad humana, insistimos, que es una capacidad pobre y muy limitada, pero aspirando siempre a alcanzar y a seguir muy de cerca a nuestro Maestro, tratando de ser buenos discípulos suyos. No podremos nunca imitarle del todo, pero sí podemos y debemos seguirle, caminar atraídos por él, ser unos buenos discípulos suyos. A todo esto nos comprometemos cuando renovamos las promesas de bautismo, a todo esto se comprometieron nuestros padres y padrinos cuando nos acercaron a la pila bautismal, pidiendo para nosotros el bautismo cristiano. Hoy, en esta fiesta del bautismo del Señor, le damos gracias a Dios nuestro Padre por habernos enviado a su Hijo amado, el preferido, para que nos bautizara con su Espíritu a nosotros, pecadores, y nos limpiara de todos nuestros pecados.

2. Sobre él he puesto mi espíritu. El profeta Isaías habla de una persona que ha sido elegida por Dios, que es su siervo, a quien Dios prefiere. Vendrá a implantar el derecho en la tierra. No lo hará con armas, ni con violencia, sino con el Espíritu del Señor. Nosotros, los cristianos, referimos este texto a Jesús de Nazaret, nuestro Salvador, el Mesías que vino a salvarnos. Este siervo de Yahveh, es una persona al mismo tiempo fuerte y humilde, inquebrantable y manso, luchador y pacífico. No gritará, no clamará, no voceará por las calles, no quebrará la caña cascada, no apagará el pábilo vacilante, pero promoverá fielmente el derecho, abrirá los ojos de los ciegos, hará justicia, será alianza de un pueblo y luz de las naciones. Así actuó Jesús de Nazaret, movido siempre por su Espíritu, por el Espíritu del Dios que le había ungido. Así debemos actuar nosotros, los que hemos sido bautizados en su Espíritu, los que nos decimos discípulos suyos.

3. Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Pasó haciendo el bien a todos, no haciendo distinciones, fueran de la nación que fueran. Lo que quería Jesús de Nazaret, ungido con el Espíritu de Dios, es que todos temieran al Señor, que le amaran y practicaran la justicia. Hizo el bien, con especial predilección, a los oprimidos por el diablo, es decir, a todos los que sufrían opresión, esclavitud, hambre o enfermedad, a los hijos pródigos, a las ovejas descarriadas. A todo esto nos comprometemos nosotros cuando nos bautizamos en su Espíritu, en el Espíritu de aquel que pasó por esta tierra haciendo el bien a todos. A todos y, por consiguiente, también a nosotros. Gracias, Señor.
  
4.- El compromiso de nuestro Bautismo. Nosotros ahora queremos que nuestro Bautismo sea algo vivo y no un recuerdo muerto. El bautismo de Juan era de penitencia, de preparación. Por eso dice San Agustín que "valía tanto como valía Juan. Era un bautismo santo, porque era conferido por un santo, pero siempre hombre. El bautismo del Señor, en cambio, valía tanto cuanto el señor: era, por tanto, un bautismo divino, porque el Señor es Dios". Nosotros hemos recibido el auténtico bautismo "en el Espíritu Santo". ¿Somos conscientes de la gracia recibida, de nuestra consagración como sacerdotes, profetas y reyes? Nuestra misión es ser fieles al honor recibido, no traicionar el amor de Dios Padre. Nuestra misión es aspirar a la santidad –somos sacerdotes todos–, luchar por un mundo donde reine la justicia –nuestra misión profética– y servir a los más necesitados con los dones recibidos –somos ungidos como reyes–. Renovemos nuestro compromiso bautismal en este día porque en nuestra vida de fe no debe haber "rebajas".

Propósito
Que el evento más importante del día sea la participación en la Eucaristía, sugiriendo a la familia dar gracias por el don del bautismo, puerta de nuestra fe.

Diálogo con Cristo
Gracias, Señor, por hacerme hijo tuyo. Gracias por hacerme miembro de tu Iglesia. No dejes que olvide que mis privilegios como bautizado me deben llevar a corresponderte, porque toda mi existencia tiene como objetivo llevar a plenitud la vida de gracia que recibí en el Bautismo. El Bautismo no sólo me hace hijo de Dios y me une a Jesucristo en la Iglesia, sino que me lanza como testigo y apóstol de tu Reino.

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