Detecta esos 10 ladrones que te roban la energía de vivir

Lanzamos una mirada al horizonte y nos parece arduo. Miramos a nuestro alrededor y vemos la botella medio vacía más que medio llena. Contemplamos el pasado y nos entra cierta nostalgia de que aquel tiempo en verdad sí era mejor…

La pesadumbre y la falta de visión positiva son síntomas de desánimo.

Unas veces se deben a problemas físicos o psíquicos (hipotiroidismo, anemia, fatiga por estrés, insomnio, depresión…). Será conveniente acudir al médico para determinar qué ocurre en nuestro organismo y poner remedio.

Otras veces, veremos que no hay nada en las analíticas que indique que algo va mal y, sin embargo, sabemos con certeza que “no somos nosotras mismas”.

Hay que tener en cuenta que el paso del tiempo nos cambia y conforme transcurran los años no vamos a ser capaces de alcanzar lo mismo (aunque quizás eso no implique que no alcancemos objetivos de mayor calidad). Pero si en lo que se refiere a a salud física y psíquica los resultados dicen que todo está en marcha, valdrá la pena revisar por qué mi motor no está al cien por cien. Quizá hay algo que nos hace perder energía.

Vale la pena hacer un parón, examinarnos  y determinar qué es lo que no funciona en mi vida. Seguramente encontraré que hay alguna fisura por donde se me escapa la energía. Hay una grieta que permite la fuga de mis esfuerzos y los hace ineficaces.

El Dalai Lama ha escrito sobre los 10 ladrones de energía. ¿Qué tal si los revisamos y aplicamos a nuestra vida cada una de las propuestas para no permitir más el paso a estos malhechores del alma?

“Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente”.

Somos más de 7.000 millones de personas en el mundo. ¿Por qué he de conformarme con tener al lado a alguien que hace de mí una persona peor? Tóxicas son las malas amistades, las que envenenan un entorno familiar, las que siembran la discordia en el trabajo y en las relaciones de amistad. Impide que sigan formando parte de tu vida y protege a los demás de esa mala influencia.

“Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quien te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle”. 

Vivir la justicia descansa y trae la paz. En la medida en que te sea posible, cumple con tus obligaciones pendientes cuanto antes. Y no solo eso: puedes ir más allá y sé proactivo en conseguir que te devuelvan a ti lo que te deben.

Si quieres ser más virtuoso aún, haz un acto de generosidad y perdona la deuda. Verás cómo volver a la hoja en blanco da sosiego al espíritu. En cambio, una deuda pendiente (no hablo solo de las económicas) pesa sobre la conciencia y frena la toma de decisiones.

“Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio”.

Para erradicar la labor de este ladrón conviene que previamente hagamos una lista con los compromisos a los que un día dijimos sí. Sean del tamaño que sean. No se trata de revisarlos ahora para suprimirlos todos, pero sí poner grado de importancia a cada uno: unos son para toda la vida, otros son buenas intenciones que en un arrebato de generosidad nos llevaron a prometer la luna.

Bien, hay que ser un poco humilde, reconocer cuál es la medida de nuestras posibilidades y tachar aquellas promesas que nos exceden. Si no, dentro de un año nos encontraremos en el mismo punto (y más preocupados por no haberlas cumplido todavía).

“Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas”. 

Hay que interpretar con prudencia esta medida, no vaya a ser que nos volvamos unos irresponsables. Se trata de dar juego a personas que podrán hacer las cosas mejor que nosotros, de saber delegar y de establecer una jerarquía de valores para decidir qué cosa pasa por delante de qué cosa.

“Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad”. 

Seguro que este punto ya has tenido ocasión de comprobarlo alguna vez. El cuerpo es el instrumento de nuestra vida, un elemento imprescindible para llevar a cabo lo que nos proponemos. Hay que tratarlo bien.

¿Te imaginas cómo es un mecánico de Fórmula 1? Pues así con nosotros: vigilantes, atentos a cualquier sonido para hacer sonar la alerta en cuanto algo falla. Sin hipocondrías, sin manías y sin caprichos. Pero hay que descansar, dormir lo que conviene, pasear, cambiar de ocupación, hacer vacaciones…

“Tira, levanta y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas”. 

Después de la fiebre del orden que hemos vivido gracias a Marie Kondo, queda claro que nos beneficia establecer orden material y espiritual: una jerarquía de valores, unas prioridades en la acción, una armonía en lo material que empleamos… Lo decían los maestros antiguos: guarda el orden y el orden te guardará.

Nada mejor para la mala memoria que haber dejado las cosas previamente en su lugar de siempre, ¿verdad? No desordenar es la forma más rápida de lograr que un espacio esté ordenado.

“Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos”. 

En sentido general, tómate en serio a ti mismo. No pienses que machacando el cuerpo eres mejor persona. Tu cuerpo es un bien ecológico de primer orden. El sacrificio siempre deberá ser proporcionado.

“Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria”.

Cuando hablamos de situaciones difíciles nos referimos a situaciones que nunca deberíamos haber permitido, porque son injustas o porque son un mal en sí mismas. Da cauce a eso acudiendo a personas de tu entorno, en el caso de que no puedas cambiarlas por tus propias fuerzas. Sal de la espiral de la violencia o de la negatividad. Busca consejo y adopta medidas para cambiar el panorama.

“Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”. 

Nos puede preocupar algo que día se puede cambiar. Pero aquello que no podemos modificar… requiere una actitud distinta. Sencillamente vive con ello. No te enfrentes a la ola en perpendicular, busca surfearla. No es fácil ni se soluciona en un par de días pero se puede: un duelo, una pérdida, un bache…

“Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo”. 

Tú sabrás cuál es la medida de tu amor. El perdón exige un cambio en el corazón, una voluntad de querer cambiarme. Si no perdonas, eres tú quien sale perdiendo porque en tu espíritu quedará el resquemor, la herida. Perdonar es lo más curativo y sanador que existe. Solo las grandes personas saben perdonar de fondo. Y eso sí que es un arte.









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