“Arkangel” de Black Mirror (T4): educación, paternalismo sobreprotector y tecnología

Lectores, tranquilidad: se puede ser padre imperfecto; es más, se es siempre imperfecto como padre; de por sí. Y ahí está la grandeza de la paternidad: seres imperfectos cuidando a seres maravillosos, inhábiles y dependientes. ¿Estamos locos? No, cualquier educador es imperfecto. La educación es un riesgo, y hay que asumirlo.

Nunca como ahora los padres han estado tan preocupados por sus hijos, ni se han sentido tan culpables de sus males… Tenemos buenas noticias: Black Mirror se mete en la cuestión educativa, y en el hiperparentismo. El inicio de esta temporada 4 afronta la educación como mal ya de la sociedad contemporánea.

“Arkangel” habla de estos temores educativos y de lo todo lo que haría un padre para evitarse el miedo al fracaso en la educación del hijo. Tendremos a una madre hiperportectora, una suerte de arcángel imperfecto que querrá librar del mal a su hija, y de paso impedir que caiga en tentación. En síntesis, un viaje al Padre Nuestro invocado a un padre o madre imperfectos. No en vano, la madre se llama Marie (Rosemarie Dewitt).

Diría que cualquier consumidor televisivo, incluso los que no ven series, ha oído hablar de Black Mirror. Diría incluso que casi todos saben que la serie de Charlie Brooker gira en torno a cómo la tecnología afecta y cambia la vida del ser humano. Entre lo cotidiano y la ciencia ficción, entre el thriller y el terror distópico (esos futuros imaginarios aterradores), Black Mirror es una serie de culto que aborda todas las dimensiones de la vida humana. Y que de paso atemoriza a medio mundo.

Pues bien, “Arkangel” trata de la hiperprotección a partir de la realidad aumentada, es decir, la visión del mundo a través de dispositivos tecnológicos: realidad y elementos virtuales a la vez, todo en una pantalla, casi siempre incorporada en ropa, relojes, gafas, etc. Son los wearables. Se trata de que lo virtual añada información a la realidad para protegerse de ella, para moverse mejor en ella, etc.; mezcla de dos realidades: real y virtual. No es solo realidad virtual, en la que la persona se aísla del mundo.

En esta ocasión tendremos a una madre sufridora, tanto que ya desde el momento del nacimiento de su hija piensa que esta puede morir en cualquier momento. O sufrir el ataque de un perro. O escuchar palabrotas. O tener malas compañías. O irse a la cama con cualquier pendejo. O… O… Solución: implantar un chip en la mente de la niña conectado a una tablet con una aplicación para el control del pensamiento.

Método: la madre podrá ver lo que ve la niña y escuchar lo que escucha; si cree que algo es peligroso, inapropiado u ofensivo, pulsa un botón táctil y desconecta el sonido-oído de la niña, desenfoca la imagen-visión, etc. En fin, limita la libertad del hijo, y le dice de algún modo que la realidad no es para ella, que solo a través de la madre podrá vivir; esto es, la incapacita para la vida. La solución de Charlie Brooker es realmente estremecedora y certera.

Dicho sin spoiler: una educación hiperprotectora castra para la vida y elimina la dimensión moral del hombre, que pasa a estar frente a la realidad sin reconocerla, sin poder tratarla bien. Una educación así es un mal de vuelta. La gran Jodie Foster traza con perfección el recorrido, dejándonos clavados en el sofá.

Black Mirror ya había tratado en otros capítulos el implante de chips en humanos. En “Tu historia completa” (T1, 3) un chip permitía registrar todo lo que se hace, se ve o se escucha y reproducirlo en cualquier pantalla. El capítulo especial “Blanca Navidad” (T2) es un cuento de navidad en el que la gente lleva dispositivos implantados en los ojos de acceso directo a internet, o se hacen réplicas de su conciencia en dispositivos interactivos: En “Playtest” (T3), un joven se deja implantar en el cerebro un revolucionario juego virtual.

Ahora con “Arkangel” tenemos además la ocasión para comprender que hay que educar sabiendo que no daremos en el calvo. Hay que mirar al hijo, al niño, diciendo «soy miserable, como tú, pero miro a Otro que es más grande y que me salva». Educar es acompañar al otro a mirar lo más importante sin paternalismos que esterilicen al joven. Como nos dice Black Mirror la vigilancia protectora atosiga y deja huérfano (el capítulo lo muestra así de literal…).

Dejen solos a los niños, cuando lo necesitan; dejen que se marchen. Confíen en su corazón. Al fin y al cabo es como el de todos. Por ello el niño tiene en sí el criterio original por el cual pueden reconocer aquello que es verdadero o no. Desafíen a sus hijos, pongan en marcha su dinamismo total, su corazón.

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