Un canto de trabajo con sabor a patrimonio de la humanidad

“¡Un Papa muy colombiano!”. Así titularon algunos medios de prensa una de las imágenes más simpáticas de la visita del papa Francisco a Colombia, mientras recorría la ciudad de Villavicencio, el pasado 8 de septiembre.

Fue ahí donde las cámaras lo lograron enfocar con un sombrero tradicional del lugar, típico de los Llanos Orientales, una región variada en cuanto a su naturaleza y sus típicas planicies, en el departamento de Meta, Colombia.

Precisamente en los últimos días, un reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) definió a los cantos de trabajo de los llanos colombo-venezolanos como Patrimonio Cultural Inmaterial Mundial.

Al mismo tiempo, durante esta aprobación que tuvo lugar en la ciudad de Jeju, República de Corea, se señaló que esta tradición requiere de medidas de salvaguardia urgente.

“Celebramos la declaración que ha hecho la Unesco de esta manifestación en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas de salvaguardia urgente. En el Ministerio de Cultura hemos venido trabajando con las comunidades, desde el 2011, para preservarla como un valor patrimonial para la región y para la humanidad. Se trata de una expresión única, asociada a los oficios de los vaqueros, los arreadores de ganado y demás portadores de esta bella e inmensa zona geográfica. Esta decisión es un importante respaldo para seguir trabajando con la población llanera en acciones y estrategias de salvaguardia de esta expresión”, afirmó la ministra de Cultura de Colombia, Mariana Garcés Córdoba.

Esta tradición, típica de Colombia y Venezuela, tiene más de 200 años y está asociada a las actividades de ganadería comunes en departamentos colombianos como Arauca, Meta, Vichada y otros sitios en Venezuela como en los estados de Barinas, Portuguesa y Guárico, entre otros.

La región binacional que comprende esto constituye más de 500.000 kilómetros cuadrados.

Son cantos “interpretados a capela en las faenas de trabajo con el ganado tanto en las sabanas como en los corrales y en los espacios de trabajo específicos de las fincas y hatos”, recuerda el Ministerio de Turismo de Colombia.

La postulación de estos cantos para que fueran reconocidos por la Unesco partió de un trabajo conjunto entre el Ministerio de Cultura de Colombia y el Centro de Diversidad Cultural de Venezuela.  Sin dudas, también representa un esfuerzo de integración -por estos tiempos un tanto solapados debido a la coyuntura y relación formal entre ambos países- con énfasis en algo más que representativo para ambos pueblos y ahora también para la humanidad.

El desafío pasar a ser la salvaguardia y medidas de protección, pues los cambios generados en ambos países en la vocación pecuaria han debilitado estos aspectos tradicionales haciendo que empezaran a caer en el abandono.

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