“Star Wars Episodio VIII: Los últimos Jedi”: Nuevas esperanzas para nuevas generaciones

La crítica que con mayor facilidad se puede lanzar sobre este Episodio VIII de Star Wars es que supone más de lo mismo, pero precisamente eso es lo que puede espolear a los fans de la Saga a acudir en masa a las salas. Sobre todo si ese “más de lo mismo” lleva aparejado el término “y mejor”.

Y es que como prueba de lo contentos que deben estar en la factoría Disney con el resultado de esta película tenemos el anuncio que se hizo incluso antes del estreno, de que el director Rian Johnson disponía de carta blanca para afrontar una nueva trilogía de películas ambientadas en el amplio universo Star Wars, pero sin constituir una continuidad dentro de los ocho episodios que ya conocemos.

Es decir, se ha dado por tan bueno su trabajo en esta entrega que se le permite poder planificar tres episodios de lo que sin duda será una nueva una notable ampliación de la mitología galáctica.

Pero centrándonos ya en este Episodio VIII la buena noticia es que se profundiza en la labor ya iniciada en la anterior entrega relativa a introducir un elenco de nuevos personajes con el que las nuevas generaciones se identifiquen, tanto por novedad como por sintonía de edad, sin por ello dejar de lado el legado de los personajes que llevan con nosotros desde finales de la década de los 70.

No ha sido tarea fácil pero las subtramas que implican a personajes de distintas generaciones tanto por separado como en colaboración, quedan hurdidas con habilidad manteniendo en todo momento el ritmo y salpicando la narración notables y en ocasiones inesperadas dosis de humor, de momentos de puro vértigo y emoción, y reservando un par de muy memorable secuencias que harán aflorar la lagrimita del fan de la saga que ha crecido al mismo tiempo que sus personajes favoritos.

Como trasfondo, en medio de implacables persecuciones, las enseñanzas a una nueva generación, así como las lecciones finales y el sacrificio de quienes deben ceder el testigo a manos más jóvenes que ansían buscar su lugar en el mundo, en la vida, en la galaxia, por muy lejana que esta sea.

Seguramente habrá tras este Episodio VIII al menos un par de frases que pasarán a ser analizadas y divulgadas por quienes saben encontrar en la lucha entre el bien y el mal, por muy ficticia que sea, algunas reglas con las que tratar de mejorar la propia vida y la relación con los semejantes y con el entorno.

Curiosamente y para quedar aún un capítulo de la actual trilogía, el cierre de esta entrega ofrece un mensaje final de esperanza infinita, de capacidad de ilusión y de confianza en las potencialidades de las nuevas generaciones, de quienes sienten la llamada algo superior al individuo, pero que al mismo tiempo le conecta con todo y con todos y que no dudarán en rebelarse contra lo que consideren injusto.

Una vez más la fuerza nos sigue acompañando.









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