¿Por qué ponemos ciertos personajes en el nacimiento si no están en el Evangelio?

Desde que san Francisco inaugurara la primera escena de la Natividad, varias culturas de todo el mundo han aportado elementos particulares a la tradición popular navideña. Sin embargo, atravesando estas tradiciones hay unos elementos comunes que representan diferentes partes de la historia de la Natividad.

San Lucas explica que “María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Lucas 2,7). El pasaje no menciona un “establo” tal y como lo conocemos hoy día ya que, históricamente, los animales se mantenían en una cueva.

Durante mucho tiempo, en la historia de la Iglesia las representaciones del nacimiento de Jesús incluían una cueva y algunas escenas de Natividad conservan esa tradición. Sin embargo, los artistas cristianos terminaron por emplazar el nacimiento de Jesús en un contexto moderno y, así, nació el “establo” y se convertía en parte central de la escena de la Natividad.

No se menciona ningún asno en los relatos bíblicos, pero un antiguo documento llamado Protoevangelio de Santiago cuenta que José subió a María a un asno para el largo viaje que les esperaba. Los asnos eran un medio común de transporte por entonces y, dada la distancia en juego, habría tenido todo el sentido del mundo. Por este motivo, el asno siempre aparece en las escenas de Natividad, ese asno que cargó con la Madre de Dios (y con Dios mismo, en su útero).

En un documento extrabíblico diferente, el escritor manifiesta que había un buey presente en el nacimiento de Jesús. Probablemente deriva de las palabras del profeta Isaías, que escribió: “El buey conoce a su amo y el asno, el pesebre de su dueño; ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento!” (Isaías 1,3). En este pasaje, los animales saben quién es el Señor, pero el resto del mundo se ha rebelado contra Él.

Las dos figuras principales de la escena de la Natividad aparecen habitualmente arrodilladas frente al pesebre, donde yace Jesús. Ambos están en actitud de oración y maravilla ante el misterio que acaba de acontecer ante ellos.

Siguiendo la narrativa bíblica, los pastores son un elemento esencial de cualquier escena de Natividad y su presencia se corresponde con este pasaje de Lucas: “‘Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado’. Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre”. (Lucas 2,15-16).

Los ángeles, aunque no se mencionan explícitamente en la escena del pesebre, están presentes para los pastores y proclaman “¡Gloria in excelsis deo!”.

Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: ‘¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!’ (Lucas 2,13-14)

Mateo describe que los magos vinieron de Oriente para visitar a Jesús y, aunque el número no se menciona específicamente en la narración bíblica, el número tres se basa en la cantidad de presentes regalados: “y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra”. (Mateo 2,11)

En varios países, se incluyen otros elementos en la escena tradicional de Natividad. En Italia, un presepio incluye toda una aldea con incontables personas de un lugar a otro con sus menesteres diarios. La arquitectura es a menudo medieval y de un periodo diferente, pero destaca el hecho de que nosotros también podemos estar presentes en el nacimiento de Jesús y darle la bienvenida en nuestras vidas.

En Polonia, el szopka incluye una decorada catedral basada en la arquitectura gótica. De nuevo, el énfasis nos recuerda que el nacimiento de Jesús no fue solamente un acontecimiento histórico, sino algo que atraviesa todas las edades y todos los corazones.

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