Por qué “Los últimos Jedi” es una perfecta meditación de Adviento

Y, con ella, la luz”.

El sábado vi la nueva entrega de la saga Star Wars (Episodio VIII: Los últimos Jedi). A continuación no voy a hacer ninguna reseña (aunque me encantaría), y prometo que no habrá ningún spoiler. No me interesa entrar en los debates que algunos canonistas de Star Wars (que en cualquier momento pueden vencer a los canonistas de la Iglesia predicando herejías) han planteado sobre si Los últimos Jedi ha triunfado por sus propios méritos.

Solo quiero animaros a ver El último Jedi mientras siga siendo Adviento, si podéis, porque conforme la estaba viendo no paraba de pensar en la meditación tan buena que sería para esta época del año. Sin embargo, si no podéis ir al cine hasta después de Navidad o hasta el año que viene, siempre seguirá sirviendo de inspiración para reflexionar sobre nosotros y el estado constante de nuestro mundo de desear la llegada de la salvación.

Mi sentimiento de conexión entre los temas de Adviento y los de esta película se confirmó durante la misa del domingo de Gaudete, cuando en nuestra parroquia cantamos el gran himno de las vísperas de Adviento “Creador de las estrellas”. En mi cabeza no paraba de recordar la película mientras cantábamos.

Oh santo Creador de las estrellas
y sempiterna luz de los creyentes,
Oh Jesucristo, Redentor de todos,
escucha los ruegos de quienes te imploran.

Movido por tu amor te convertiste
en medicina de este mundo agónico,
para salvarlo de que pereciera
por obra de los fraudes del demonio.

De todo corazón te suplicamos,
Oh Juez supremo del supremo juicio,
Que con las armas de la gracia excelsa
Nos defiendas de nuestros enemigos.

No hace falta ser un experto en Star Wars para saber que el hilo conductor de la saga, como los hilos conductores de todas las grandes historias emblemáticas, es la lucha contra el mal. No es ningún spoiler mencionar que esta lucha continúa con Los últimos Jedi. Y, si bien estoy casi seguro de que el director y escritor Rian Johnson no pretendía que Star Wars VIII fuese un paralelismo de salvación (y digo “casi seguro” porque la película de 2012 Looper también trataba sobre la redención, por lo que la intención puede estar subyacente), es prácticamente imposible que aquellos que luchamos diariamente en lo que siempre parecen ser los tiempos más oscuros hagamos otra lectura diferente.

A continuación se exponen algunos temas sobre nuestro camino de Adviento (tanto en esta época del año como durante cualquier día) que se parecen a los temas de esta nueva entrega de la saga. Que estas observaciones enriquezcan el visionado de la película y las oraciones.

Y la espera de la salvación es la más difícil de todas. Algunos la abandonan, otros continuamos trabajando duro, incluso con dolor y pánico. Algunos desean forzarla, pensando que podemos precipitar un final feliz con planes osados, para terminar entendiendo que el reconocimiento es mayor si se trabaja. A veces, la espera puede parecer un fracaso.

¿Me tomo en serio la espera de la llegada del Señor? ¿Qué estoy haciendo para alinearme con el plan y el objetivo de Dios y no solo con mis propios deseos?

Poco importa nuestra fuerza espiritual o nuestro entusiasmo: la resistencia al mal no aparece de forma natural. Por eso, el Adviento, al igual que la Cuaresma (como cualquier día en esta peregrinación que es nuestra vida, realmente), es un periodo de preparación. Alegría, oración y gratitud: esto es lo que debemos aprender y practicar una y otra vez, según el papa Francisco y el Evangelio. Durante esta época del año tan autocomplaciente, necesitamos más que nunca disciplina.

¿Estoy preparado para resistir el mal y alzarme en favor del reino de Cristo? ¿Qué más puedo hacer para prepararme? ¿Quiénes son los maestros y mentores que debo atender?

La mentira de la fuerza sin límites. El señuelo de ganar todas nuestras apuestas. El éxtasis que produce usar a otras personas y criaturas como objetos, esclavos de nuestra lujuria, codicia o necesidad de ser mejores que el resto. El odio que sienta tan bien como el amor, según nos cuentan. La oscuridad brilla y atrae lo mejor de nosotros.

¿En qué parte de mí brilla más la oscuridad? ¿Cuál es mi mayor tentación? ¿Qué estoy haciendo para mantener mi visión clara y mi corazón limpio? ¿Para qué necesito confesión y perdón antes de que pase otra semana?

Esta afirmación fue cierta cuando Jesús apareció en semejanza de hombre: ¿un bebé?, ¿el hijo de un carpintero?, ¿un chico que se acerca a los pecadores? ¿un blasfemo?. Y sigue siendo cierta. Queremos que nuestro Salvador se ajuste a nuestras expectativas: de buena estirpe, que se parezca a nosotros (y no a ellos), que haga realidad el conjunto correcto de profecías. Pero nuestro Dios es un Dios lleno de sorpresas, y Cristo volverá a aparecer con un aspecto tan inesperado como un ladrón en la noche. Los Anticristos están hechos de expectativas poco adecuadas. La clave ahora, al igual que lo era antes, está en permanecer despierto.

¿Cuánto he pensado realmente en la segunda llegada de Jesús? ¿Qué espero que haga o sea? ¿Cuáles son las expectativas que debo desechar?

No saber cuándo vendrá el fin implica que puede ser en cualquier momento. Debemos reflexionar seriamente para asegurarnos de que viajamos en buena compañía (otro elemento emblemático de nuestra historia). La resistencia al mal nunca será un asunto de mayorías. Debemos escuchar a las pequeñas voces en sosiego, no al rugido de la multitud. Necesitamos encontrar a los corazones auténticos, aquellos a los que les podemos decir, como Frodo le dijo a Sam: “Me alegro de estar contigo, Samsagaz Gamyi. Aquí, al final de todas las cosas”.

¿Quiénes son los compañeros que me ayudan más en mi viaje de Adviento? Si supiera que hoy es “el final de todas las cosas”, ¿con quiénes desearía estar?

Pablo nos dice que no será una virtud que necesitemos cuando llegue el reino de Dios. Pero hasta entonces, es la fuerza más poderosa y subestimada del universo. Durante este Adviento, en particular (aunque decimos lo mismo todos los años, ¿verdad?), resistir al mal significa resistir al cinismo, la indiferencia y la mofa a la inocencia. Las viejas historias por sí solas no son la fuente de nuestra esperanza, pero contarlas sí aviva la pequeña llama. Si no somos capaces de creer en esta época del año, ¿cuándo lo somos?

¿Qué hago de forma activa para resistir las amenazas a la esperanza? ¿De qué se alimenta mi esperanza? ¿De qué forma estoy siendo un símbolo de esperanza en el mundo?

En serio, id a ver Los últimos Jedi. A lo mejor sirve de estímulo para meditar. Mientras tanto, conforme la oscuridad se alza, seamos la luz que se alza con ella. Cantamos y rezamos:

De todo corazón te suplicamos,
Oh Juez supremo del supremo juicio,
Que con las armas de la gracia excelsa
Nos defiendas de nuestros enemigos.









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