Por Navidad, ¿por qué no regalas agua a tantos que se mueren de sed?

El pasado 14 de diciembre, en su Carta desde el Desierto número 24, el misionero español Christopher Hartley lanzó al mundo un angustioso llamado para darle agua al pueblo somalí que vive en Etiopía y que se está muriendo, literalmente, de sed.

El padre Christopher ha estado luchando una década completa por la salud, la esperanza de vida, la restitución de la dignidad de miles de personas, la mayoría de ellas musulmanas, en la misión de Gode, al sureste de Etiopía, en el desierto, más o menos cerca de la frontera de este país con Somalia (la distancias son enormes, el desierto abrasador).

Ya en el mes de marzo pasado —aquí mismo en Aleteia se difundió—el sacerdote diocesano de Toledo (España) y Misionero de la Caridad en Etiopía, había escrito una *Carta desde el Desierto*, “salida del alma, para gritaros a todos la sed angustiosa y desesperante de este pueblo somalí de Etiopía, esparcido como un puñado de arena que se lanza al viento, por estos secarrales indómitos de sabanas y desiertos africanos”.

En su Carta número 24, de diciembre de 2017, el padre Christopher señala que muchas vicisitudes han pasado desde marzo pasado. Si bien la ayuda internacional evitó que murieran de sed miles de personas en Gode y sus alrededores, la naturaleza no ayudó demasiado: “apenas cayeron tres o cuatro chaparrones en abril y no descargaron muchas más lluvias en este pasado mes de octubre. Ya hasta abril del año que viene no vuelve a llover en la región de Gode”, subraya en su Carta.

Hasta ahora se han ido poniendo “parches” que han ayudado a la gente de la Misión y de lugares aledaños, los ganados y los cultivos, dice el padre Hartley, a malvivir, a sobrevivir precariamente. “Nos parece que ha llegado la hora de buscar una solución más viable y duradera. Muchos de vosotros –con toda razón– habéis sugerido la posibilidad de perforar pozos con maquinaria adecuada. Una solución que se le ocurre a cualquiera”.

Confiesa el padre Hartley que lleva años preguntando a las grandes organizaciones que trabajan en la zona WFP (Fondo Mundial para la Alimentación), UNICEF, JAICA, Save the Children, ADRA, MercyCorp, otras ONG’s, así como a las oficinas regionales del gobierno etíope y “todas responden lo mismo: se ha intentado muchas veces y no aparece agua por más profundo que se haya excavado”.

Sin embargo, dice en su Carta el padre español, queda otra solución: en la región de Gode pasa el río Wabi Shebelle, un río con caudal más o menos abundante según las épocas del año y que nunca se seca. “Queremos aprovechar el agua de este río y hemos acudido a excelentes ingenieros que nos han asesorado, tanto en España como aquí en Etiopía. Es un proyecto enorme, pero estamos seguros de que vale la pena y puede contribuir a buscar solución al problema endémico de la escasez de agua en esta región”.

A continuación, el sacerdote español narra la siguiente anécdota: “Nunca podré olvidar las palabras de aquella anciana somalí que, visitando una choza de Kalafo y ante su hija que estaba tirada en un camastro de sogas y ramas, con su hijo recién nacido a sus pies y medio moribunda, con la desesperación esculpida en el rostro, me gritó: *¡Padre, haga algo!* Esa anciana quizá no era consciente de que su mismo grito fue el grito de Jesús a sus apóstoles (…) ¿Qué diferencia hay entre las palabras de la anciana (…) y las palabras de Jesús a sus apóstoles: *¡Dadles vosotros de comer!*?”

Y luego, otra dolorosa imagen: “Pienso en Amir, el niño que vi desde el camino, tirado a la orilla de un charco asqueroso, que lengüeteaba como un animal el agua embarrada y putrefacta, último reducto de las lluvias ya lejanas y que no volverán hasta dentro de cinco meses (…) Me pidió la botella de agua y se la di… pero no bebió, se la quedó mirando…, el agua estaba congelada, sacada de la nevera un rato antes de iniciar nuestra travesía. Corrió con ella a enseñársela a otros chavales. La primera vez que sentían el tacto de algo frío (…) Os aseguro que un kilo de oro no les hubiese hecho más felices…”.

Era hora de reemprender la marcha, el sacerdote y su traductor se despidieron de Amir y el resto de los críos de su clan; al alejarse dijo en somalí: “¡Mahad santai, kani billo waa kabow!”(¡Gracias, esta agua está fría!). “Y se me encogió el corazón en un puño al ver a un niño tan feliz por el simple regalo de una botella cristalina, transparente, de agua… ¡fría!”

Por todo esto el plan que tiene en mente este sacerdote emprendedor, que ya tuvo un papel importante en la defensa de los trabajadores haitianos que trabajan en condiciones muy precarias en los bateyes de República Dominicana, es el siguiente: con un equipo de ingenieros que ya tiene, aprovechar las aguas del río Wabi Shebelle que pasa por delante de la parcela del templo católico de la Misión de Gode, bombeando el agua a una gran piscina, con una capacidad de unos 200,000 litros.

Esta agua se filtraría a otras cámaras para que se vaya sedimentando y purificando hasta un gran depósito. Desde este depósito, el agua ya purificada para consumo humano, se bombearía a un gran depósito elevado con capacidad para unos 50,000 litros. Desde ese depósito, por gravedad podría suministrar agua potable a todos los proyectos de la Iglesia (colegio, casa de moribundos, casa de voluntarios…) y a la cárcel de Gode (vecinos de la Misión a unos 200 metros de distancia, más de 700 presos).

También, mediante esta obra, se podría dar agua a los barrios vecinos que van creciendo sin cesar, según se expande la ciudad de Gode y, con ello, “hacer un aporte real y duradero” para cientos de personas que en estos momentos no tienen agua y se están muriendo de sed en el desierto etíope.

“Veo pasar este río maravilloso frente a nuestro terreno de la Iglesia todos los días de mi vida, desde hace más de diez años. Rezo muchas veces el Rosario paseando por su orilla (a prudente distancia para no convertirme en suculento banquete de cocodrilos y otros bichos africanos de muy malas pulgas), y pienso tantas veces cuánto me gustaría hacer algo con esta agua… ¿¡No os parece un crimen dejar pasar por el frente de nuestro terreno un río tan espléndido, sin aprovecharlo para estas gentes sedientas!?”, pregunta el padre Hartley.

Al final de su *Carta desde el Desierto*, el sacerdote y misionero pide, con sencillez, que esta Navidad regalemos un vaso de agua limpia “para estos cientos de miles de personas que no saben lo que es el agua -mucho menos potable-; que no saben lo que es la Navidad y por eso viven en una terrible oscuridad de vida. Queremos que la estrella que guío a los Magos al portalito de Belén, guíe a esta gente hasta Jesucristo, que es la única luz que alumbra este mundo y el único que puede dar sentido a su vida. Y no hay otra luz que la luz de la caridad de Cristo que arden en nuestros corazones misioneros”.

La ayuda que pide ahora el padre Christopher Hartley es para con el diseño que se ha preparado para llevar agua del río, que es “una solución duradera, no como la de llevar camiones que cuestan un dineral y en tres días ya no queda nada. Eso os pedimos desde estos secarrales africanos: que no nos olvidéis”.

*Para colaborar con la misión de Gode: http://www.missionmercy.org

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