La verdadera razón por la que “no hay lugar en la posada”

La historia de la Natividad nos es muy familiar a la mayoría de nosotros pero, desde pequeños, algunas imágenes pueden nublar nuestra visión de lo que de hecho sucedió hace 2000 años. En particular, hay una narrativa habitual que representa a José llamando de puerta en puerta intentando encontrar un lugar donde María pudiera dar a luz a Jesús.

El propietario del establecimiento Motel 6 le da un portazo en las narices a José, diciendo que todo estaba “completo”. Entonces, por fin, José encuentra un establo donde se guarda al ganado y lleva a María a ese humilde lugar justo a tiempo para que nazca Jesús.

Aunque es una historia cautivadora, no coincide con el relato bíblico ni el texto original griego.

Lucas prepara el escenario: “Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada” (Lucas 2,7).

La última palabra, ‘posada’, es lo que por lo general fomenta las narrativas similares a la descrita antes. Sin embargo, no es una traducción acertada del griego.

La palabra usada en el texto original es kataluma  y se entiende mejor traducida como ‘habitación de invitados’, no una posada destinada para viajeros. Para este segundo tipo de alojamiento Lucas usa la palabra pandokheion. Además, Belén era el “pueblo natal” de José, así que lo más probable es que tuviera familiares con los que quedarse.

Y para ir más al grano, muy pocos querrían dar a luz en una especie de motel público. Las posadas de aquel tiempo no tenían buena reputación y María habría querido tener privacidad para un acontecimiento tan íntimo.

Es más, una lectura más minuciosa del texto nos revela que José y María ya llevaban en Belén algunos días antes del nacimiento.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre. (Lucas 2,4-6)

Según Lucas, la santa pareja ya estaba alojada en Belén cuando María rompió aguas. En otras palabras, no iban con prisas para buscar un lugar donde dormir en Nochebuena, sino un lugar apropiado con espacio y privacidad suficientes para el proceso del parto.

Ya que el censo romano obligaba a todo el mundo a volver a sus casas, la “posada” o “habitación de invitados” estaba llena. María y José tenían que buscar otro lugar.

Los estudios arqueológicos pueden ayudar a ilustrar una descripción más acertada del aspecto de una casa en Belén y del lugar donde probablemente dio a luz María.

Una casa judía típica de aquellos días disponía de un área cerca de la puerta, a menudo con suelo de tierra, donde se mantenían a los animales de la familia durante la noche, para que no fueran robados o apresados y para que su calor corporal ayudara a mantener cálido el hogar durante las noches frías.

La familia vivía y dormía en una parte elevada de la misma habitación al fondo de la puerta. Normalmente había también una habitación para invitados en un segundo piso arriba o junto a la habitación común familiar en la planta baja. Lo habitual es que en la zona cercana a la puerta hubiera un pesebre con comida y/o bebida para los animales.

Otra descripción explica que “las casas en Belén y sus cercanías a menudo tenían cuevas en la parte trasera de la casa donde conservaban su preciado buey o bestia de carga, para que no fuera robado. La habitación para invitados estaba en el frente de la casa, el refugio de animales en la parte trasera”.

Así que, en vez de imponer a los otros huéspedes de la casa el parto de un bebé, María dio a luz en una zona más privada en la que se guardaban los animales y acostó a Jesús en el comedero que había allí.

Esta interpretación histórica del relato bíblico es bastante diferente de la narración con la que muchos nos hemos criado, pero no disminuye la humildad del nacimiento de Cristo. Jesús nació en un lugar donde vivía el ganado y en una sencilla cueva de campesinos en Belén. Sigue siendo una escena hermosa, la misma que cambió el mundo para siempre.









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