La liturgia diaria meditada - Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1,26-38) 08/12



Viernes 08 de Diciembre de 2017
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
(S). Blanco

El 8 de diciembre de 1854, el papa Pío IX proclamó la fiesta de la Inmaculada Concepción: “Declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecado original, es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe”. Y así celebramos que Dios cuidó de la vida de María desde el comienzo al final, desde su concepción hasta la Asunción.

Antífona de entrada          cf. Is 61, 10
Desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como una esposa que se adorna con sus joyas.

Oración colecta     
Dios nuestro, por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preservada de todo pecado, preparaste a tu Hijo una digna morada en atención a los méritos de la muerte redentora de Cristo; concédenos, por su intercesión, que también nosotros lleguemos a ti purificados de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Recibe, Señor, este sacrificio de salvación que te ofrecemos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y así como a ella tu gracia la preservó limpia de toda mancha, por su intercesión líbranos de todas las culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       
Virgen María, de ti se han dicho maravillas, porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios.

Oración después de la comunión
Señor, Dios nuestro, que el sacramento recibido repare en nosotros las consecuencias de aquella culpa de la que preservaste a la Virgen María en su Concepción Inmaculada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

1ª Lectura    Gn 3, 9-15. 20
Lectura del libro del Génesis.
Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les había prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?”. “Oí tus pasos por el jardín”, respondió él, “y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí”. Él replicó: “¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?”. El hombre respondió: “La mujer que pusiste a mi lado, me dio el fruto y yo comí de él”. El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Cómo hiciste semejante cosa?”. La mujer respondió: “La serpiente me sedujo y comí”. Y el Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”. El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.

Comentario
Ante el cruce de acusaciones y reclamos, Dios se comporta como un juez que dicta sentencia y no deja impune la transgresión. Las imágenes míticas del texto no deben ocultar el mensaje central: la debilidad humana se encuentra con la Palabra de Dios. Esta es firme y clara, pero no corta el diálogo, y siempre busca y espera que el hombre le responda.

Salmo 97, 1-4
R. Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas.

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

2ª Lectura    Ef 1, 3-6. 11-12
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En él, nosotros, los que hemos puesto nuestra esperanza en Él, hemos sido constituidos herederos y destinados de antemano, para alabanza de su gloria según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad.
Palabra de Dios.

Comentario
El himno que presenta hoy la liturgia, aunque parezca contradictorio, es una invitación al silencio y a la contemplación. El autor expresa su fe en ese canto, que retorna ahora a la comunidad para orar lo que su letra pregona.

Aleluya        cf. Lc 1, 28
Aleluya. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres. Aleluya.

Evangelio     Lc 1, 26-38
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.

Comentario
El diálogo se transforma en silencio ante la aceptación de María como Madre de Jesús. ¿Será un silencio de comprensión total de lo anunciado? ¿Será un silencio de oscuridad en la fe? ¿Será este silencio un camino hacia otras aceptaciones más de su vida? Oremos también nosotros sobre el silencio de esta mujer.

Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, ilumina y fortalece mi espíritu para que, como María, pueda disponer mi mente y mi corazón a escuchar y responder con generosidad a lo que hoy me quieres decir en esta meditación.

Petición
Ayúdame, Señor, a no abusar de mi libertad al someterme a la esclavitud de mis pasiones: orgullo, vanidad, sensualidad.

Meditación 

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

1. Cuando pensamos en la Virgen Inmaculada casi siempre la concebimos en el cielo, coronada de estrellas y rodeada de ángeles. Así nos la pintaron muchos de nuestros grandes pintores. Pero la verdad es que esta fiesta hace referencia a la santidad de María aquí, en la tierra, desde el primer momento de su concepción. Los paisanos de María no la vieron, en su pueblo, rodeada de luces y vestidos celestiales. La vieron como lo que era: una mujer de pueblo, buena, generosa y pobre. Había en ella, ciertamente, algo especial, pero lo especial en ella era más interior que exterior. Trabajaba como las demás, hablaba como las demás, vestía como las demás; pero todo lo hacía con un semblante especial, con una atención especial y con un amor especial. La santidad de María no estaba tanto en lo que hacía, sino en el modo y actitud como lo hacía. En esta fiesta de la Inmaculada Concepción debemos mirar a María como modelo de santidad aquí en la tierra. Es verdad que ella tuvo el privilegio de su Concepción Inmaculada, pero su santidad también se debió a que ella, durante toda su vida, se esforzó en ser fiel a la vocación a la que el Señor la había llamado. La fidelidad de María al Dios que le había dado la vocación de ser la madre de su divino hijo es lo que la convierte en modelo humano que nosotros debemos imitar.

2. El Señor está contigo. Esta es la causa y la explicación de la santidad de María: el Señor estuvo siempre con ella. Dios es gracia, Dios es vida, Dios es amor, Dios es santidad. María tuvo a Dios siempre con ella y, por eso, tuvo siempre gracia divina, vida divina, amor divino, santidad divina dentro de ella. Tuvo todo esto ella al modo humano, porque ella fue una criatura humana. Si nosotros tenemos a Dios dentro de nosotros, si vivimos, nos movemos y existimos en él y por él, también seremos santos. Lo importante es vivir de tal manera que Dios no tenga que verse obligado a marcharse de nosotros, a abandonar nuestra casa interior. Lo importante es que Dios esté siempre con nosotros; mientras Dios esté dentro de nosotros, estará dentro de nosotros su gracia, su vida, su amor, su santidad.

3. Hágase en mí según tu palabra. Es fácil aceptar la voluntad de Dios cuando las cosas nos van bien, cuando parece que la voluntad de Dios coincide con la nuestra, pero cuando las cosas se tuercen y las cosas no ocurren como nosotros quisiéramos, fácilmente pretendemos cambiar la voluntad de Dios, en lugar de cambiar nuestra voluntad. El mérito de María está en su constante fidelidad, en su voluntad continuada de ser y vivir como esclava del Señor, aun en los momentos más difíciles de su vida, en la persecución, en la pasión y muerte de su hijo. Conformar nuestra voluntad con la voluntad de Dios es el secreto de la santidad y ahí es donde María se nos presenta hoy como madre y modelo.

4. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Sí, también nuestra vocación es la ser santos e inmaculados ante Dios, por el amor. Nuestra santidad siempre será inferior a la de María, porque nosotros no hemos tenido el privilegio de una concepción inmaculada, pero si, como María, sometemos, por amor, nuestra voluntad a la voluntad de Dios, también nosotros seremos santos e inmaculados ante Dios. En esta fiesta de la inmaculada concepción de la virgen María, nuestro propósito también debe ser éste: amar como amó María, para así poder ser también nosotros santos e inmaculados ante Dios, como ella fue. Así se lo pedimos hoy a la Virgen Inmaculada.

5.- La fiesta de la Inmaculada, al comienzo de este tiempo es un estímulo para nuestra "espera confiada". La Madre del salvador es también nuestra Madre porque su Hijo así lo quiso: "Ahí tienes a tu Madre". María no puede estar lejos de la mente y del corazón del cristiano, especialmente durante el tiempo de Adviento. ¿Quién mejor que ella, que lo llevó en su seno, pudo esperar su venida? Ella, la Madre concebida sin pecado, nos invita a arrepentirnos, a desechar el mal y a hacer el bien para preparar el camino al Emmanuel. María tiene una misión importante en la Iglesia porque es Madre y modelo de la Iglesia. Nuestra devoción a María debe llevarnos a su Hijo Jesucristo: "Haced lo que Él os diga". Todo lo que tiene, todo lo que es María le viene de Cristo. María es la primera cristiana, toda cristiana, hecha enteramente para Cristo. Por eso es la mujer del fututo, la humanidad del futuro, la nueva humanidad que siempre hemos soñado y que Dios mismo soñó. Pero esto sólo será posible si vivimos cerca de Dios, confiados y seducidos por su Amor, como María. Entonces reinará en todo el mundo otra vez la armonía y la paz.

Propósito
Rezar un rosario y pedir a María su intercesión para crecer en la fe.

Diálogo con Cristo
Jesús, ayúdame para que el sí amoroso e incondicional de María se grabe profundamente en mi corazón. Que su ejemplo de obediencia y generosidad sea el faro que guíe mi vida. Que sepa comprender y transmitir la alegría de tu encarnación. Éste es el compromiso del Adviento: llevar la alegría a los demás, porque la alegría es el verdadero regalo de la Navidad. Esa alegría la puedo comunicar de un modo sencillo: con una sonrisa, con un gesto bueno, con una pequeña ayuda, con un perdón.

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