La desescolarización radical: un nuevo estilo educativo que elimina las reglas

Este estilo educativo se basa en el principio de que los niños prosperan cuando tienen total autonomía.

Los padres sacan a sus hijos de la escuela y no les imponen ningún tipo de reglas. Los niños eligen qué van a comer, a qué hora van a dormir y cuáles serán sus actividades durante el día.

Los seguidores de esta tendencia afirman que el mayor aprendizaje de los niños se da en la experiencia diaria, y que es una locura tener un sitio específico donde aprender en referencia a la escuela.

También conciben que el rol de los padres no es el de dirigir el camino de sus hijos, sino el de acompañarlos en las decisiones que ellos deseen tomar.

Estos padres afirman que sus hijos van aprendiendo sobre las distintas asignaturas mediante juegos y experiencias vitales que ellos escogen, y que sus conocimientos dependen más de sus ganas de aprender, que de la obligación que tienen de asistir al colegio o cumplir con sus deberes.

Los críticos de esta nueva tendencia afirman que, aunque estos padres se jacten de estar inmersos en el mundo real, la verdad es que no es así, pues en la vida hay reglas, horarios y normas sociales que se deben cumplir y sus hijos no están siendo educados en este aspecto.

Otra crítica que se realiza a este movimiento es que, aunque la libertad de los hijos debe ser tomada en cuenta en su formación, esto debe realizarse progresivamente para no acabar con un niño que cena golosinas todos los días o que duerme solo 4 horas pues decide quedarse mirando la TV.

Es cierto el sistema educativo formal tiene muchas deficiencias pero también la educación resulta caótica cuando los padres se alejan de su rol de primeros educadores de sus hijos.

Es verdad que los niños tienen mucho que aprender de sus experiencias y de su observación del mundo, sin embargo, es necesario reconocer que la autoridad, la rutina y las normas son, la mayoría de las veces, la manera que tenemos los padres de enseñar a nuestros hijos a usar bien su libertad.

Finalmente la libertad bien concebida no es sólo hacer lo que nos da la gana, sino tomar las decisiones correctas que nos permitan dirigir nuestra vida a la plenitud y a la felicidad.

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