¿Era San Cristóbal un “hombre lobo”?

San Cristóbal es conocido como el santo patrón de los viajeros. Se representa habitualmente llevando al niño Jesús sobre sus hombros y ayudándolo a cruzar un río. Pero no siempre fue así. En los primeros iconos, se representaba con la cabeza de un perro. ¿De dónde vienen estos dos tratamientos tan diferentes?

En muchas culturas ancestrales existía el mito de los hombres con cabeza de perro. Este mito sigue presente en nuestra cultura moderna con la figura del hombre lobo.

Con estas representaciones mitológicas se trataba de significar que los hombres que se habían salido del camino y vivían en pecado se comportaban como animales. El pecado siempre ha estado asociado con los impulsos más primarios o animales de  las personas. En algunos relatos, el hombre pecador llegaba incluso a asumir una figura de bestia. Los egipcios tenían la figura del dios Anubis, un hombre con cabeza de chacal. Este tipo de representaciones terminaron integrándose en  la iconografía cristiana.

Sin embargo, según una tradición muy popular, san Cristóbal fue originalmente uno de esos hombres con cabeza de perro que, después de conocer a Cristo, recobró su apariencia humana. Por supuesto, es una imagen simbólica utilizada para mostrar que dejó atrás una vida de depravación para vivir según el Evangelio. Los primeros cristianos, especialmente en Oriente y sobre todo en Egipto, decidieron representar a Cristóbal con cabeza de perro en referencia a esta legendaria conversión. Desde el siglo XII, la preferencia fue la de retratarlo como ayudando a un niño a cruzar un río, que es otra parte de su leyenda. Su nombre es además un derivado de las palabras griegas Khristos (Christos) y phorein (portador), es decir, ‘aquel que lleva a Cristo’.

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