‘En realidad, nunca estuviste aquí’: un justiciero con un martillo

El origen de En realidad, nunca estuviste aquí, la nueva película de la prestigiosa cineasta Lynne Ramsay, se encuentra en una novela corta y contundente, escrita por Jonathan Ames, célebre por la serie (y el libro) Bored to Death: You Were Never Really Here (publicada aquí por Principal de los Libros). En aquella historia, un hombre llamado Joe salva a menores secuestradas utilizando como arma un instrumento que nos trae a la memoria el Oldboy de Park Chan-wook: un martillo.

En dicha novela, Ames escribe: El martillo era el arma favorita de Joe. […] Ocupaba un lugar de terror universal en la mente humana. La inesperada imagen de la mano de Joe levantando un martillo paralizaba momentáneamente a sus adversarios, y esos segundos de parálisis era lo único que solía necesitar.

Esa imagen, perturbadora y con reminiscencias de película de miedo, es la que, junto al aspecto de un desaliñado e inmenso Joaquin Phoenix, le sirve a Lynne Ramsay para explorar los contornos de la violencia de un personaje torturado por años de guerra y castigos paternales: pero lo que le interesa a la directora de Tenemos que hablar de Kevin no es el poder visual y amenazador de ese hombre empuñando un martillo (al contrario que en Drive, El resplandor o Taxi Driver), y tampoco cómo rompe cabezas, sino el rastro de sangre y cadáveres que va dejando tras de sí el protagonista: le interesan más las consecuencias.

Por eso, cuando Joe se dispone a resolver sus encargos (trabaja para terceros, que le proporcionan pistas y fotos de las niñas desaparecidas), la cámara no suele mostrarlo de frente. Lo que vemos son los momentos en que alguien ha caído, en que el martillo ya ha golpeado aunque el espectador no pueda percibirlo. Suelen ser escenas fuera de plano, atisbos fugaces de la sangre salpicando los rostros y las alfombras, imágenes grabadas por las cámaras de seguridad en las que se discierne a un extraño, de espaldas, derribando a matones y a clientes de prostíbulo clandestino.

Si en la novela de Jonathan Ames el pasado de este héroe a la fuerza era evidente, en su película Ramsay opta por sugerir, por dejar caer sus propias pistas para que el espectador, como si fuera un trasunto de Joe, tenga que recomponer los enigmas y completar los rompecabezas ayudándose de las elipsis.

El pasado que atormenta a Joe se nos enseña en forma de flashbacks aislados, en ráfagas de impactos rápidos que apenas percibimos… y que han creado al hombre que es Joe actualmente: un tipo cruel con los villanos, que abusa de la medicación, vive con su madre anciana y enferma y está obsesionado con castigar a los que hacen daño a los inocentes, como a él lo castigaban en la infancia.

En realidad, nunca estuviste aquí es una película árida, impactante y personalísima, donde se conjugan tres elementos que la convierten en un filme magnífico: la dirección de Lynne Ramsay, que siempre coloca la cámara en los puntos más insospechados y menos convencionales; la siniestra música compuesta por Jonny Greenwood, miembro de Radiohead y compositor habitual de Paul Thomas Anderson, que crea el clima propicio para las reacciones de Joe; y Joaquin Phoenix, un actor extraordinario que no deja de sorprendernos, y que logró por esta interpretación el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes.

Es una película que nos habla de nuestra necesidad de contar con héroes (aunque estén al borde de la autodestrucción) que pongan a salvo a los inocentes, como guardianes entre el centeno metidos en paisajes urbanos y degradados.









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