6 imágenes a descubrir de la 4ª temporada de Black Mirror

Imagen 1: Cocodrilo. En un hotel, dos personas hablan, pierden el control y ocurre algo que no debería haber ocurrido. Alrededor de ese hecho y sus consecuencias, Charlie Brooker construye un thriller que parte de una excusa de ciencia-ficción –la existencia de un aparato capaz de leer los recuerdos en bruto– para realizar un homenaje constante al cine de Alfred Hitchcock. Del que, más allá de los numerosos guiños, toma la metódica frialdad con la que el director de la pieza, el australiano John Hillcoat, pone sobre la pantalla una idea tan terrible como la de la banalidad del Mal…Y los extremos a los que puede llegar una persona para conservar su situación social.

Imagen 2: Arkangel. Una madre ve, a través de un sofisticado sistema de vigilancia, a su hija en una situación que no esperaba y que le perturba profundamente. En realidad, se trata de una excusa tecnológica para que Brooker y Jodie Foster, que se estrena como directora para Black Mirror, reflexionen sobre los límites de la ma(pa)ternidad y los peligros de la sobreprotección. Las acciones de esa complejísima madre que aborda Rosemarie DeWitt nos obliga, a los que tenemos hijos, a buscarnos en el reflejo que ella nos devuelve, y a aprender a renunciar a ese impulso de encerrar a nuestros pequeños pájaros en sus jaulas, en lugar de dejarlos volar libres.

Imagen 3: Hang the DJ. El sistema que ha emparejado a los dos protagonistas de la historia les dice, al mismo tiempo, algo más trascendente que marcará su relación de forma indeleble. Por suerte, este capítulo aporta un agradecido respiro a la temporada, ya que se adentra en el terreno de la comedia romántica a través del gimmick de esa app para ligar que es una evolución tecnológica de los Meetic, Tinder o Badoo de la actualidad. Lo mejor del episodio, sin duda, es la química entre sus actores principales, Georgina Campbell y Joe Cole, y cómo matizan y humanizan a sus protagonistas.

Imagen 4: USS Callister. La reconstrucción/guiño visual que el director Toby Haynes, habitual de Dr. Who y Sherlock, lleva a cabo de la imaginería de la Star Trek original. Por supuesto, Charlie Brooker y su coguionista, William Bridges, no se conforman con un homenaje a la creación más famosa de Gene Roddenberry, sino que detrás de la misma construyen toda una trama paralela que nos obliga a reconcebir –y a reinterpretar– las citadas imágenes. De hecho, le sacan tanto jugo que se trata del único episodio de la temporada que tiene la duración estándar de un largometraje, alrededor de hora y media.

Imagen 5: Cabeza de metal. La muerte salvaje, pasada de vueltas, de dos hombres que intentaban huir de un peligro inminente mucho más agresivo de lo que esperaban. Se trata, sin lugar a dudas, del capítulo más directo y más desnudo de toda la temporada –tanto es así, que me atrevo a asegurar que no le sobra ni un gramo de grasa–: es puro survival, el enfrentamiento entre una mujer decidida y aguerrida contra un ente lleno de inesperados recursos, y que puede recordar a una famosa franquicia de ciencia-ficción. Lo mejor, sin duda, es la manera en la que el director, David Slade, aprovecha el blanco y negro de la imagen para dotar a la historia de cierta suciedad, cierto verismo, que la hace todavía más terrible… Y más inesperada.

Imagen 6: Black Museum. La imagen de una persona encerrada en una habitación de la que no puede salir… Y que tiene implicaciones mucho más profundas de las que aparenta. De nuevo Brooker utiliza la estructura de historias cruzadas que tan bien le funcionó en aquel especial llamado Blanca Navidad, y que en esta ocasión gira en torno a una atracción turística que exhibe tras sus vitrinas pruebas de crímenes tecnológicos –algunos de los cuales quizás le resulten familiares a los espectadores–. Eso sí, su narrador, interpretado por Douglas Hodge, se centra de forma más concreta en tres historias que giran en torno a la memoria, la conciencia y, sobre todo, las elecciones morales de sus protagonistas.









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