¿Descubrió América un monje irlandés del siglo VI?

Aunque la mayoría de historiadores coincide en que los vikingos fueron los primeros navegantes en llegar a América del Norte en torno al año 1000, algunos piensan que no fueron los primeros exploradores europeos en cruzar el Atlántico.

Hay una historia sobre un monje irlandés que era un navegante experto y que viajó por toda Irlanda, además de Escocia, Gales, Bretaña y Francia. Su nombre era Brendán y nació en torno al 484 al sur de Irlanda. Sentía enormes deseos de acercar más almas a Dios y se tomó bastante literalmente el encargo de Jesús cuando dijo: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” (Marcos 16,15).

Más tarde, llegaron a oídos de este monje los rumores de una tierra lejana al oeste que algunos creían era el Jardín del Edén original. Brendán no necesitaba más motivación, así que decidió que marcharía a descubrir dónde se encontraba este Paraíso terrenal y predicar el Evangelio a cualquier infiel que encontrara por el camino.

Tras reunir una pequeña tripulación, Brendán soltó amarras en torno al año 545 en una pequeña embarcación de casco redondeado llamada currach, sellada con cuero y con dos velas cuadradas. En el siglo VIII quedó registrado un relato del viaje en La Navegación de san Brendán, donde se describe una serie de paradas durante el camino que parecen corresponder a lugares como las islas Feroe, Islandia y Groenlandia, e incluso se describen icebergs.

El historiador Tim Severin investigó en 1976 la posibilidad de una hazaña semejante, para lo cual elaboró un barco idéntico siguiendo las descripciones recopiladas y llevando consigo unos cuantos compañeros. Hizo unas paradas similares a las que se consideraban que san Brendán podría haber hecho y, al final, alcanzaron la isla Pecford, Terranova, en la costa oeste de Norteamérica. La investigación de Severin demostró que fue posible un viaje transatlántico en el siglo VI usando tecnología primitiva.

Sin embargo, nunca se han encontrado restos arqueológicos irlandeses de aquel periodo histórico y la mayoría de historiadores cree que el viaje de Brendán es una leyenda o una mera alegoría que describe el viaje vital de una persona. Independientemente de la verdad que subyaga, lo cierto es que los monjes de los siglos posteriores a san Patricio y que evangelizaron Irlanda eran muy entusiastas en su labor religiosa y estaban dispuestos a todo para seguir a Cristo, incluso si ello implicaba viajar hasta los confines del mundo.

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